Después de siete mudanzas, el CPA quedó en la calle, sin respuesta de la Provincia

María Marta Noriega, Selene Bahl y Fernanda Villarreal no quieren hablar; están amargadas por la poca importancia que, parecería, se da a este servicio de los Centros para la Prevención de Adicciones. No sólo acá, en varios lugares de la provincia. Las jóvenes profesionales calmaban con algunos mates la amargura de saber que la dificultad del espacio físico atenta contra el trabajo que es, por esencia, delicado y paciente. E insisten en no hablar.

Larga historia

La Opinión se ha referido sistemáticamente a las políticas erráticas que rodean todo lo que tiene que ver no sólo con la prevención de las adicciones sino con el apoyo a quienes caen víctimas de ellas. Que son cada vez más y más jóvenes. Valga un ejemplo: los CPA dependieron primero del Ministerio de Salud, después los pasaron a la órbita de Desarrollo Humano y luego los regresaron a Salud sin que mediara a nivel provincial- alguna explicación consistente.

Cuando se crearon (los CPA) a fines de la década del ’90 el de Trenque Lauquen por convenio con la Municipalidad, comenzó a funcionar en la entonces “salita” de la calle Ameghino, hoy Centro de Referencia. De ahí debieron salir y los acogió la Fundación Almafuerte en sus dos sedes de las calles 25 de mayo primero y 9 de Julio después.

De ahí pasaron al ala del hospital donde funcionó el Hogar Castella. Posteriormente la Provincia alquiló una casa en 9 de Julio al 400; la sintieron como propia, la equiparon, tuvieron varias donaciones de muebles y enseres, hicieron una buena huerta con los pacientes.Pero también de ahí debieron salir porque no se pudo renovar el contrato y fueron a parar a un inmueble de la calle Presidente Yrigoyen al 300 -también alquilado por la Provincia- que debieron dejar a fines de 2012.

Otra vez, la Municipalidad

No tenían adónde ir y les dieron -con la mejor buena voluntad- un rincón en el amplio SUM Tito Alvarez.

Absolutamente disfuncional, carente de la comodidad mínima para el trabajo que deben desarrollar. Ya les habían avisado que era algo provisorio, hasta marzo en que se ubicaría en el SUM una cooperativa de trabajo.

Se estiraron un poco los días, pero ayer a la mañana debieron dejar el rinconcito porque en el lugar se instalaron los alumnos de un establecimiento escolar donde deben hacer refacciones.

En la parroquia

Ayer mismo, luego de una breve “elaboración del duelo” Noriega, Bahl y Villarreal ajustaron los términos de una charla que –previsoramente- habían enhebrado con el cura párroco Daniel Camagna. El sacerdote, les facilitó el uso de un salón.

Se descuenta que la situación ha sido informada cumplidamente al área de la que dependen los CPA: la sub Secretaría de salud mental y atención a las adicciones cuyo titular es el licenciado Carlos Sanguinetti. Pero no ha habido una palabra de respuesta.

Los pacientes

En los no tantos años de funcionamiento del CPA, se han tejido historias entrañables en la lucha denodada para que alguien atrapado por la droga o el alcohol pueda salir a flote. Hay quienes lo logran y quienes no; pero siguen yendo a estar ”con las chicas” pese a la recaídas que a veces los llena de vergüenza.

Por eso las siguen de sede en sede; y aunque haya pasado el tiempo se las arreglan para encontrarlas y aparecerse a tomar unos mates, ese embajador que no falla. No es ésta la única función de las profesionales, también deben evaluar picológicamente a todos los pacientes internados en el hospital que deben ser derivados a una comunidad terapéutica. Una función indelegable. Analizando una y otra función ¿alguien puede explicar la inexplicable ausencia del Estado?

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