Ayer se inauguró el nuevo Escuadrón 61 Omar Avelino Heppner, en la frontera caliente con la vecina Bolivia.
El 30 de agosto, una fuente de las fuerzas le adelantó a El Tribuno que Gendarmería reabriría el escuadrón de Pocitos en los próximos días. La misma fuente había dicho que el verdadero motivo del traslado del escuadrón se debió a un tema de corrupción y disciplina: “Había muchos gendarmes que terminaban operando para el narcotráfico”, dijo.
Según se anunció, el escuadrón contará en principio con una dotación de 200 hombres, que en el futuro podrían ser 400. Se alojarán en un edificio construido por la Provincia, que puede albergar a 160 oficiales.
El complejo le costó a Salta, la segunda provincia más pobre del país, más de un millón de pesos, mientras que Gendarmería Nacional manejó el último año la impresionante suma de 25.900 millones de pesos.
El albergue cuenta con 20 cuartos, entran ocho gendarmes en cada uno, con baños, aire acondicionado y calefacción. El nuevo escuadrón está equipado con motocicletas, cuatriciclos, vehículos todo terreno y hasta una nueva ambulancia. Según se había anunciado en mayo, el pabellón iba a albergar 300 efectivos y se tendría que haber terminado a mediados de julio.
“Se hizo un esfuerzo enorme para crear otro escuadrón de Gendarmería en Salta, que desde ahora tiene cinco escuadrones, con más de 1.700 efectivos. Nunca Gendarmería estuvo tan dotada de tecnología, infraestructura edilicia y herramientas. Hicimos este escuadrón para contrarrestar la influencia del narcotráfico y la trata de personas en la zona”, dijo el ministro nacional Arturo Puricelli. Además, aseguró que “se están fabricando radares nacionales para dotar a la frontera norte de los mismos y controlar mejor el espacio aéreo”.
En este punto hay que aclarar que la construcción de los radares lleva más de una década, después de la cual, según la ONU, la Argentina se transformó en el tercer puerto proveedor de cocaína a nivel mundial.

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