Después de la interna radical el jalilismo confirma que abandona el Frente Cívico

Si hay algo que caracteriza al intendente Gustavo Jalile y a su gente es la obviedad. Tanta parafernalia por parte del jalilismo, tanto despliegue y ostentación de aparato durante la campaña de la corta pero intensa interna radical, que concluyó el pasado domingo con los comicios para renovar autoridades, no tenía más que un solo objetivo: pegar el portazo.
El final estaba cantado, incluso desde antes que la Unión Cívica Radical catamarqueña anunciara la fecha de elecciones. El “Gallo” viene tejiendo esto desde hace ya un largo tiempo, sólo que para que sus socios extrapartidarios le dieran algún crédito, necesitaba mostrar al menos algo. Ese “algo” era un caudal electoral relativamente importante como para cotizar en bolsa, es decir en la mesa de negociaciones que lo lleven a convertirse en la pata radical de un frente comandado por el justicialismo.

Las cosas no salieron como Jalile esperaba. El poco respaldo del afiliado radical desvalorizó sus acciones. Ni siquiera alcanzó el piso del 20 % que necesitaba para quedarse con la minoría. Sólo ganó en su departamento y la diferencia tampoco fue estrepitosa, tan es así que cualquier candidato peronista en el departamento Valle Viejo, será mejor en una general que el propio Jalile o alguno de sus soldados.

No obstante, el “Gallo” salió a cacarear, lo que mejor sabe hacer. No fue sino uno de los pocos alfiles que lo siguen ciegamente en sus empresas políticas grandilocuentes, el diputado provincial Alfredo Gómez el que ya lo anunció: “Nos vamos del Frente Cívico”.

A decir verdad, sólo faltaba esta frase. Llegó antes de tiempo, a tan sólo 4 días de las internas. No esperaron ni siquiera una semana, muchos menos que pase el campeonato Mundial. Es que mientras más tiempo pase más cae la cotización, ni hablar de la licuación que puede sufrir producto de la inflación.

La excusa es tan obvia como Jalile y su estrategia: “en la interna radical se les robó la minoría”. Ni siquiera está a consideración que ni sus correligionarios lo toleran, menos lo votan, y que lo mejor que podría anunciar es su partida de las filas del centenario partido.

Para la Alianza Grande, un rejunte de líneas y sectores adherentes que logró conseguir el chacarero para postularse en la interna, la mayoría estaba asegurada de acuerdo con los datos que supuestamente aportaron sus fiscales a lo largo y a lo ancho de la provincia. Sólo que en el escrutinio definitivo, un voto más otro voto son dos votos, no hay fórmula matemática ni química que altere ese resultado.

De todas maneras, eso no importa mucho. La excusa perfecta está. “Se robaron la minoría”. Ahora, si esto no hubiera ocurrido y por obra y gracia del afiliado Jalile hubiera perforado ese piso, seguramente el argumento hubiera sido otro: la falta de apertura del partido, la negativa a convocar a internas para cargos electivos o si tal interna existiera, seguramente estarían viciadas de fraude, o tal vez la Convención no reunió el número suficiente de convencionales y por lo tanto habría que declararla ilegítima, o quizá no le hubiera gustado el nuevo presidente de la Convención, o vaya a saber qué. La lista de argumentos en la mente jalilista es ilimitada, eso sí, no muy ingeniosa, pero abultada.

El tema era pegar el portazo. Tensó tanto la cuerda puertas adentro, que es imposible para Jalile compartir una lista con el sello del Frente Cívico y Social. Y esto más que por decisión propia -porque la cara da para todo-, por hartazgo de sus propios correligionarios.

Comentá la nota