A la desolación, solidaridad

A la desolación, solidaridad
La Plata es una ciudad desolada, no sólo por los estragos que hizo la inundación desde lo material, sino en el sentimiento de la gente.
El agua no solo arrasó barrios enteros sino que también arrastró a la ciudad jovial, dinámica y apasionada. La tormenta del martes 2 de abril fue un golpe directo al corazón. Pero hubo una columna gigantesca que quedó en pie, especialmente en aquellos sectores donde el Estado llegó a cuenta gotas: La solidaridad.

Este sentimiento de empatía con el dolor del otro atravesó casas, calles, barrios, clubes, organizaciones políticas, religiones, nacionalidades y se disparó hacia cada rincón del país, que regresó en un movimiento envolvente, como un abrigo, sobre la ciudad desolada. Hacia allí partieron los abrazos traducidos en alimentos, pañales, agua, medicamentos, ropa, colchones, productos de limpieza, útiles escolares, de todo aquello que puedan ayudar a sobrevivir al impacto de perderlo todo y la imposibilidad de acceder a lo mínimo y necesario.

Además de los centros de ayuda oficiales o partidarios, en cada parroquia, iglesia o capilla, en cada barrio, en garajes o casas particulares, se conformaron verdaderos 'polos solidarios', donde el vecino ayudó al vecino, sin mirar su condición.

Hacia estos últimos lugares, Radio Chivilcoy y FM Sónica 101.1 direccionaron las donaciones recibidas en esta última semana. En la mañana de ayer, a partir de la iniciativa de Javier Cuel, Carlos y Ramiro Pujol (vecinos de La Plata), a la que se sumaron los integrantes de ambas emisoras, la ayuda llegó a dos barrios severamente castigados por la inundación. En primer lugar, a la iglesia Caacupé, ubicada en pleno corazón de Villa Elvira, y luego, a un 'improvisado' centro de ayuda de Villa El Carmen, que se armó en la casa particular de Cristian Gallo, quien junto a su familia, vecinos como Ariel Acuña y muchos otros, ayudaron a más de mil personas en menos de una semana con alimentos, ropa, agua y elementos de primera necesidad.

En estos sectores, la desolación alcanza su más impactante dimensión, pero con el antídoto que ya corre por las venas de los platenses: la solidaridad.

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