“Era desesperante, no sabías qué hacer y sólo te salía ayudar”

“Era desesperante, no sabías qué hacer y sólo te salía ayudar”

El verdulero, Luis Gatica, comenzó su tarea solidaria alrededor de las 21 y paró a las 5 de la madrugada, hizo más de treinta viajes para rescatar a los vecinos de los barrios Atte y Papa Francisco, en Concarán.

El domingo previo al comienzo de las clases en toda la provincia, Concarán estaba tranquilo y  Luis Gatica, el dueño de una verdulería, escuchaba por radio a la secretaria de Acción Social. Ella contaba que un temporal había arrasado con los puentes de Quines y que Luján estaba bajo el agua. También advertía que ese mismo día a la tarde el río Conlara aumentaría su caudal. La curiosidad empujó al comerciante hasta la orilla para comprobar lo que la voz oficial dijo. “Eran las 18:30 y pensábamos que la crece iba a ser como tantas otras. Dos horas más tarde me llamó una señora, de apellido Aguilera, para que la ayude a sacar los muebles de su casa”, contó  el muchacho. Así comenzó una noche cargada de angustia y ayuda espontánea. El verdulero se subió a su camioneta y se puso a disposición de quienes lo necesitaran. No sabe exactamente cuántos viajes hizo, pero calculó que fueron alrededor de treinta.

 

Cuando Gatica se acercaba a socorrer a la mujer observó que el agua iba rápidamente cuesta arriba por la calle del balneario, que ya estaba sumergido. “Cuando volví a casa pasé por el barrio Atte y el Papa Francisco, donde vivo, y de a poco empezó a subir el cordón. A lo único que atiné fue a cerrar las puertas y me fui. A mí no me hizo mucho daño la crecida”, dijo y recordó que a la segunda persona que ayudó fue a su prima que vive en la esquina de su cuadra. Después perdió la cuenta.

 

“Ella vive con dos nenes, sacamos los colchones y el televisor. Empezó a llegar cada vez más agua, cuando quisimos ver las calles eran ríos. Fue cuestión de quince minutos, estábamos rodeados de agua”, explicó y afirmó que nadie quería dejar su casa,  al ver que el nivel seguía subiendo se sintió obligado a sacarlos alzando.

 

Impulso, solidaridad o coraje; aún Luis no puede explicar de dónde  provino la fuerza que lo llevó a utilizar su única herramienta de trabajo para ayudar a los demás. Quizás su instinto paternal tuvo mucho que ver, ya que cinco días antes del temporal, nació su segundo hijo, Luis Esteban.

 

Sus amigos Jorge Bertola, Cristian Perona, Matías Mirábile y Marcelo de Bandi, formaban parte de la caravana solidaria.

 

“Íbamos y volvíamos todo el tiempo y usamos carros. Nos encolumnamos, iba una chata detrás de otra y sacábamos gente que quería llevarse sus cosas, las que se podían llevar. Anduve hasta las 5 de la mañana y volví a arrancar a las 8, abrí mi negocio y dejé a los empleados trabajando”, contó el muchacho, al que sus vecinos recuerdan con los jeans arremangados caminando por las calles del pueblo.

 

Dos días más tarde el Municipio organizó una limpieza general en las casas que habían sido afectadas. Luis también se encolumnó para realizar las tareas y los recorridos. “Junto a Facundo (Domínguez), el intendente, con quien sólo me había cruzado un par de veces antes, trabajamos a la par. El tipo andaba mojado hasta la cintura. Cargaba gente, llevaba y traía cosas. Eran momentos desesperantes en los que no sabés qué hacer y sólo te sale ayudar. Lo único que se te cruzaba es sacarlos de sus viviendas y listo”, expresó el vecino de Concarán y agregó que los días posteriores al temporal hubo que sacar los muebles mojados y llevarlos a que se sequen. Contó que estuvo sacando animales y repartió mercadería.

 

En la escuela Nº 74 “Gobernador Benigno Rodríguez” había ropa, comida y colchones para quienes necesitaran pasar la noche.

 

“Lo más importante es que hubo mucha gente solidaria, había montañas de ropa en el salón de usos múltiples. Hablábamos y escuchábamos a la gente, queríamos que supieran que los apoyamos y que estamos con ellos para lo que necesiten. Estoy convencido de que todos van a salir adelante, Concarán es así. Era horrible ver gente de todas las edades llorando y lamentándose por las cosas que perdieron. Nuestro objetivo era decirles que estábamos con ellos para darles una mano”, concluyó Luis, quien vive junto a su pareja, Brenda y su hija Ana Paula.

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