Desesperado pedido de ayuda para rescatar a un perro al que su dueño cuelga de una soga y le aplica picanas para divertirse

Desesperado pedido de ayuda para rescatar a un perro al que su dueño cuelga de una soga y le aplica picanas para divertirse
Esto ocurre a diario según la denuncia de los vecinos. El hombre se llamaría Rafael Robledo, y, según, Lola Vega de “Adoptame Misiones”, vive en calle Luis Pasteur. De acuerdo a lo que relató Vega, este hombre todos los días cuelga a su perro de una soga a un arbol y le pone picanas además de golpearlo hasta desmayarlo. “Lo hace por deporte, para divertirse y los vecinos están cansados de denunciar pero la policía no viene”.
“Hicimos un seguimiento de esto, pero entonces este señor empezó a cuidarse, pero lo que hacia es picanear al perro adentro de su casa, este hombre vive hace 20 años en ese lugar y los vecinos están cansados, ya tiene en su haber algunos perros muertos”.

Sobre el hombre opinó que “ nadie en su juicio sano podría hacer algo así, estamos hablando de una picana, son descargas eléctricas, eso ya de por si es grave, y además colgarlo de un árbol y molerlo a palos. Hicimos la denuncia en fiscalía, esa denuncia fue a parar al juzgado Nº 2, y el juez se inhibió, paso a otro juzgado, y esperemos que se accione, que se haga algo".

Reclamo a la justicia

"Queremos constatar que no tenga otros animales que puedan estar siendo afectados también, y queremos que no tenga después más animales, ni él ni su familia. Nosotros no vamos a descansar hasta que esto tenga una solución. Como ciudadanos ya hicimos todo lo que está a nuestro alcance, ahora esperamos que actúe la justicia" finalizó Vega.

Este medio se contactó con Rafael Robledo quien desmintió la denuncia al afirmar que “yo soy un hombre de bien, trabajador, a mi casa vino la policía con el veterinario y constató que el animal estaba bien de salud por eso el juez tuvo que desestimar la denuncia. Lo único que hice fue ponerle un bozal porque es una raza brava y lo tengo que atar con una cadena en un paraíso que está frente a mi casa, y le mandé a poner piso y todo. Lo que los vecinos escuchan son los llantos de él porque no quiere estar solo. Pero es el perro de mi hijo y yo también lo quiero porque es de la familia. Me siento tan mal que ni siquiera puedo enojarme”.

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