Desde el CPA de Junín aseguran que aumentó el consumo de drogas entre mujeres en la ciudad

Trabajan, estudian, son madres, novias, esposas. La distancia social que separa lo que hace el hombre de lo que hace la mujer se acorta día a día.
Entre los usos y costumbres tradicionalmente emparentados con el género masculino, el consumo de drogas ilícitas, como alguna vez ocurrió con el tabaco y el alcohol, cada vez es más común también entre ellas. Según un informe emitido por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), “es posible que la brecha de consumo entre hombres y mujeres comience a cerrarse a medida que aumente el consumo de drogas por mujeres en los países en desarrollo como consecuencia de la desaparición de las barreras socioculturales y de una mayor igualdad de género”.

En Argentina, los informes elaborados desde 2001 por la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (Sedronar) dan cuenta de la transformación social en este sentido. “Es correcta la apreciación de la ONU”, reconoce Graciela Ahumada, directora del Observatorio de Drogas de este organismo gubernamental. “Se va viendo con el correr de los años. En los países más modernos, de desarrollo industrial, con incorporación de mujeres en los mercados laborales y la educación, tiende a igualarse la brecha”, dice.

En nuestra ciudad

Graciela Crupi, del Centro Preventivo Asistencial Junín (CPA), manifestó a La Verdad “en los últimos tiempos tenemos más ingresos de mujeres a las consultas, aunque siempre en menor porcentaje. Cada 10 varones que se acercan, se presenta una mujer, pero seguramente hay muchas otras más que no concurren nunca a una consulta. Lo que más consumen es alcohol, tanto adolescentes como adultas, y la marihuana. Lo que las lleva a hacer este tipo de cosas tiene que ver mucho con el grupo y el no cumplimiento de las normas. Posibilidades de salir y de tratarse hay, lo que pasa es que hay que comprometerse en el tratamiento. Muchas veces llegan al CPA y no hay demanda de tratamiento, entonces lo que tiene que trabajar la psicóloga es que esa persona se convierta en paciente, para poder trabajar la conciencia de situación y de enfermedad y así la paciente comience a ocuparse sobre lo que le pasa con el tema de las adicciones. La mayoría de las veces no existe el paciente como tal y hay que empezar a buscarlo y a transformarlo, para que se de cuenta de en qué cosas se está involucrando y qué está pasando con su salud”.

Encuestas oficiales

Las encuestas oficiales que publica la ONU sobre Argentina indican que el consumo de mujeres es dos tercios inferior al de hombres, pero de acuerdo con el último estudio nacional presentado por la Sedronar, sobre estudiantes de nivel medio (13, 15 y 17 años), el consumo entre ellas aumentó en los últimos años tanto como el de los hombres. La droga ilícita que más probaron o consumen las estudiantes argentinas de hasta 17 años es la marihuana, igual que los varones. En 2001, el 3,1% de las chicas consultadas había experimentado con cannabis al menos una vez en su vida. En 2011, la cifra saltó a 9,4%. Un incremento parecido en la proporción ocurre con la cocaína (de 0,7% a 1,8%) y el éxtasis (0,2% a 1,5% que probaron al menos una vez en la vida).

Carlos Damin, jefe de Toxicología del Hospital Fernández, coincide con el diagnóstico. “Hace 15 años el 25% de quienes venían al hospital por problemas con sustancias ilícitas eran mujeres. Hoy subieron al 40%”, revela. Y agrega que “cuanto más jóvenes son, más pareja es la proporción entre ambos sexos”. En el Fernández, cuenta Damin (jefe de cátedra de la UBA en la materia), los casos por drogas ilícitas con mujeres son por cocaína y éxtasis; y éstas dos mezcladas con alcohol. A pesar de que es la más consumida, la marihuana no lleva al hospital a nadie. “No genera cuadros agudos, no tenemos pacientes por cannabis en el hospital”, aclara Damin, quien también atiende casos por pasta base, aunque aclara que no llegan por cuadros graves. “Las que vienen con el paco vienen por complicaciones de otras índoles, hasta de contención, por un gran deterioro de todo aspecto: nutricional, neurocognitivo y clínico y físico”, explica.

Ahumada dice que también aumentó la demanda de mujeres en tratamientos por adicciones: “Son bastante más que hace 8 años. Así como se ve una mayor cantidad de sustancias consumidas en menos tiempo también se ven más mujeres en este proceso”.

Sin embargo, que ellas consuman más drogas no es, según entiende el sociólogo Alberto Calabrese, director de Adicciones del Ministerio de Salud de la Nación, una cuestión necesariamente alarmante. “No es para escandalizarse, es un dato de la realidad actual, nos obliga a ser claros, a hablar del tema; si no, es como prohibir hablar de electricidad porque no queremos que un chico meta el dedo en el enchufe”, ironiza.

Calabrese estima que apenas entre “el 3 y el 5%” de quienes alguna vez consumieron drogas ilícitas tiene problemas de adicción. Y que, en ese sentido, el “peligro” está en la necesidad irrefrenable de consumir lo que sea. “Lo que sí tiene que ocuparnos hoy es que hay un impulso de consumo que está dado para todo, de satisfacción inmediata. Vemos que la publicidad genera, sobre todo en adolescentes y madres o amas de casa, taras de placer instantáneo a partir de sopas, licuadoras”, explica. Y va más allá: “La industria farmacéutica pone lo suyo. Consumimos proporcionalmente tres veces más de psicofármacos que en Estados Unidos. Es un consumo muy alto y el público al cual se dirige son las mujeres. ¿Por qué es distinta la chica que fuma marihuana de su madre que toma Lexotanil sin receta?”.

Calabrese mismo da la respuesta: “Las mujeres no se liberaron, están alcanzando niveles de movimiento hacia sus objetivos como seres humanos no distintos de los de los varones. Lo que pasa que esta transición pone mal a cierta gente, pero no es bueno ni malo; es distinto y hay que aprender a convivir”.

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