En ese contexto, toma especial significación el despojo "legal" que sufrieron algunas firmas, como la ex Barf, contra lo cual nada se hizo
Alguna vez -o tempora, o mores- nuestra ciudad fue sede de numerosos emprendimientos industriales de mayor o menor magnitud, mayormente vinculados con la industria metalúrgica y sus derivados.
Alguna vez nuestra ciudad se caracterizó por contar con centenares de trabajadores especializados en el rubro, desde fundidores hasta torneros, y supimos tener producción industrial propia -mecánica y fabril- para presentar en las muestras y exposiciones de la región y hasta del país.
Pero el presente, en ese sentido, es desolador. Escudriñando en el pasado, obviamente es ineludible aceptar que el dramático proceso de trasnacionalización de nuestra economía, llevado adelante tanto por gobiernos dictatoriales como por administraciones elegidas democráticamente pero sometidas a los dictados de la banca extranjera (proceso que tiene su epítome en el estallido social de 2000-2001) se llevó puesto al más que importante embrión de desarrollo industrial fecundado por el primer gobierno peronista y que tuvo una importante réplica en nuestra ciudad.
Nada es casualidad, en materia político-económica. Y todo tiene que ver con todo, en el mismo orden de cosas.
Por ello, hay que diagnosticar claramente las cosas para generar un punto de partida.
Es importante establecer que solamente desde el año 1976, hasta 2001, aproximadamente, en este distrito se perdieron más de mil puestos de trabajo industrial especializado. Y se perdieron numerosas pequeñas y medianas empresas industriales, además de muchísimos talleres independientes proveedores de trabajo especializado.
En ese contexto, toma especial significación el despojo "legal" que sufrieron algunas firmas, como la ex Barf, contra lo cual nada se hizo.
Y si bien genera expectativas el avance logrado por el gobierno local en cuanto a la instalación de una zona industrial, resulta evidente que, al margen de facilitar el traslado de industrias en marcha, o promover nuevas radicaciones, será fundamental diseñar políticas de Estado que apunten a establecer pautas claras para reactivar nuestro desarrollo industrial
UNA NOTICIA
MUY IMPORTANTE
Como hemos consignado esta semana, se han producido importantes novedades en torno a las acciones que lleva adelante el gobierno local con miras a la implementación de un sector industrial unificado, base del futuro parque industrial de este distrito, a través del cual se apuntará a facilitar la instalación en un lugar adecuado tanto de firmas locales ya en marcha como así también de nuevos emprendimientos, sean de la ciudad o foráneos.
Para tales fines estuvo en Rojas una delegación de la Dirección de Desarrollo y Promoción Industrial, dependiente de la cartera provincial de Producción, la cual fue recibida por la secretaria municipal de Infraestructura y Servicios Públicos, arquitecta Ana Anderson.
En ese marco, se realizó una alentadora reunión inicial en cuyo transcurso se comenzaron a delinear algunos puntos esenciales que conciernen al nuevo espacio que se dispondrá para la instalación de este sector industrial unificado.
Así, ya se comenzaron a evaluar cuestiones de factibilidad y se dispuso que a la brevedad comiencen los estudios hídricos y de suelo para tener el respectivo informe a partir del cual se constituirá el respectivo expediente.
Además, se trabajará en el cambio de la ordenanza de zonificación vigente, debido a que ésta encuadra el sector industrial dentro de la zona residencial -la zona de desarrollo industrial, según la normativa, se encuentra ubicada detrás de la ruta nacional 188, en lo que se conoce justamente como barrio Industrial- en tanto que el futuro agrupamiento industrial se ubicará, esencialmente, sobre la ruta provincial 31, en la intersección con la ruta nacional 188, a metros de la rotonda.
Pero insistimos: si bien este diario ha insistido en incontables oportunidades en la necesidad de generar una zona industrial, también hemos aclarado que un predio, en sí mismo, y por sí solo, no significa desarrollo local, aunque sí es una buena base, una base sólida.
Por ende, comprendemos que ha llegado el momento de sentarse a discutir, gobierno local e industriales "viejos" y nuevos, trabajadores del rubro, Cámara de Comercio e Industria y, en suma, todos quienes estén en condiciones de aportar a un proyecto superador y sustentable, pautas de acción que impliquen una política de desarrollo industrial local.
DESARROLLO
INDUSTRIAL
El desarrollo industrial tuvo en nuestro continente una importancia decisiva desde el mismo momento en que se pusieron en contacto dos realidades (la americana y la europea) en distintos niveles de progreso económico, político y social. Por lo que nuestra evolución industrial (como así también la político-social) se vio perturbada por este "encuentro" histórico.
Por aquel entonces las potencias europeas se lanzaron, a caballo de su mayor desarrollo, a conquistar nuevas tierras para acrecentar sus dominios territoriales y comerciales.
Luego de la conquista española de América, durante la época colonial el germen del desarrollo industrial de lo que sería nuestro país no estuvo en la zona litoral donde hoy se asienta la gran mayoría de la actividad, sino en el interior. vinculado económicamente al virreinato del Perú.
Debido al férreo monopolio español que estaba al servicio de la obtención de plata y oro, las mercancías que llegaban al continente recorrían un largo camino desde Panamá para llegar a nuestras tierras, por lo que todo lo vinculado a las necesidades primarias era abastecido por las nacientes industrias del interior: telas, harinas, vinos, carretas, arreos, aceites, azúcar, etc.
El Norte, Cuyo y Córdoba eran las regiones más importantes y más pobladas. Allí se harán los primeros intentos de pasar de la economía de subsistencia a una incipiente división del trabajo para superar la producción inmediata. En el rubro textil será donde esos esfuerzos den frutos más rápidamente: en Tucumán y Misiones despuntan primitivos obrajes de telas para abastecer a la mayoría de la población y aún para exportar a Brasil y otros lugares de América.
Es así que el 2 de Setiembre se conmemora el Día de la Industria en nuestro país recordando la primer exportación de hilados tucumanos por el puerto de Buenos Aires en 1587.
Será solo hacia finales del siglo XVIII cuando el interés de la corona española por la zona del Río de la Plata crecerá; a medida que decrece la importancia de la plata de Potosí por su agotamiento, la actividad comercial va girando hacia el Atlántico favoreciendo a Buenos Aires.
REVOLUCIÓN
INDUSTRIAL
La creciente competencia entre una España que busca controlar el comercio de sus colonias y una Inglaterra que busca abrir nuevos mercados para sus productos, tendrá su reflejo en la creación en 1776 del Virreinato del Río de la Plata abriéndose Buenos Aires como puerto habilitado al comercio. Esta situación coincide con la Revolución Francesa y con la pujante Revolución Industrial británica.
Esta última se desarrollará bajo un tenaz proteccionismo hacia adentro y el más absoluto "librecambio" hacia afuera. Esa fue la fórmula que permitió que un país agrícola en el siglo XVII fuera la principal potencia industrial del siglo XIX. Esa misma realidad es la que se le pasó de largo a nuestra miope clase dirigente...
Porque ninguna razón había para que, en una sociedad que al decir de D. Lamas, en sus "Noticias retrospectivas sobre industrias argentinas", "(...) hace un siglo todo el virreinato del Plata era un taller industrial en activo movimiento...", no se pudiese lograr un desarrollo industrial que integrara sus distintas regiones y aprovechara sus enormes potencialidades.
Las economías del interior sufrirán esta nueva etapa de "globalización" porque a las desventajas de su estructura heredada de la colonia: un mercado interno raquítico, una producción artesanal costosa y altos valores de transporte; se le suma la avalancha de mercancías europeas que ahogará toda posibilidad de desarrollo autónomo al no poder competir con las tecnicas más avanzadas de la industria británica.
A partir de aquel momento se van perfilando las condiciones estructurales sobre las que se erigirá el drama básico de los distintos modelos que vendrían de allí en más: los sectores dominantes tendrán como objetivo excluyente desarrollar aquellos segmentos de la economía que les permitan producir las materias primas que pueden ser ubicadas en el exterior, ofreciendo a cambio el mercado interno y por tanto el país, al que más les pague por lo que ellos producen.
Así, quienes dirigían los destinos del país, junto a las manufacturas, importaron un liberalismo que no fue más que la correa de transmisión de los intereses de los países desarrollados, a la vez que inhibía el desarrollo de una fuerte industria nacional. O como lo expresara muy bien y mucho tiempo después el siniestro ministro civil de la dictadura militar , Martínez de Hoz: "es lo mismo producir acero que caramelos".
Estamos los argentinos -y los suramericanos- ante una nueva acometida "globalizadora"; si no, pregúntenle a la Unión Europea.
Por eso debemos mirarnos en el espejo de nuestra historia para saber que, como decía Mariano Moreno, "el extranjero no viene a nuestro país a trabajar en nuestro bien, sino a sacar cuantas ventajas pueda proporcionarse, miremos sus consejos con la mayor reserva, y no incurramos en el error de aquellos pueblos inocentes que se dejaron envolver en cadenas en medio del embelesamiento que les había producido los chiches y abalorios".
EL VALOR
AGREGADO
Suele encuadrarse a nuestro país como exclusivamente agroproductivo; pero la realidad histórica indica que Argentina logró un importante desarrollo industrial, que coincidió con las etapas políticas en las que la economía fue de cuño nacional, distributiva, y basada en la justicia social.
El desarrollo de una industria nacional fue posible a partir de las necesidades y aplicaciones sociales de una economía que pensaba primero en el país y después en el exterior, y se basaba en la consolidación de una sólida conciencia nacional.
Y fundamentalmente porque se abandonó la posición en la que se nos encuadró compulsivamente cuando se nos ciñó a las reglas de la división internacional del trabajo pergeñada por los países más industrializados del mundo (es decir, aquellos que solventan su desarrollo gracias a nosotros), que le otorgan a nuestro país en particular, y a la América del Sur en general, el papel de productora de materias primas y proveedora de mano de obra barata.
Así, a cambio de la exportación de nuestra producción primaria, se invadieron los mercados locales con las manufacturas importadas.
En este proceso de desindustrialización acelerado, las corporaciones multinacionales no escatimaron recursos como el dumping o el lobby. De esta manera, el proceso de aniquilación de nuestro desarrollo industrial nacional en ciernes, fue puesto en marcha.
Para que se pueda dar esta clase de procesos se deben instrumentar desde "afuera", con la colaboración de algunos de "adentro", los pasos pertinentes para la sumisión política de una nación que se encuentra en aras de implementar un proyecto propio de desarrollo industrial.
Porque el desarrollo industrial, junto con sus procesos concomitantes en el terreno tecnológico y en el ámbito científico, que además son los valores más estratégicos del mercado, confluyen indefectiblemente en una cuestión de índole estrictamente política.
No decimos, por supuesto, que la agroproducción no sea importante en sí misma: sí sostenemos que la Argentina debe reencauzar su interrumpido proceso industrial, a partir de la nueva realidad política existente que, en resumidas cuentas, supone un proceso político que intenta desembarazarnos de la economía de mercado y de la condición semicolonial en la que hemos sido sumergidos.
Y en este nuevo contexto el desarrollo industrial debe correr parejo con la colocación de los saldos exportables, no sólo agrícolas, sino industriales, a partir de convenios bilaterales, como corresponde.
Porque se debe comprender que no es ventaja para nadie la colocación de la casi totalidad de nuestra producción agrícola-ganadera en el mercado bajista internacional, sin valor agregado por carencia de un proceso de industrialización, sujeto a las especulaciones digitadas desde los centros financieros del orbe. Al contrario: sólo favorece a los intermediarios.
No se puede establecer una economía nacional, sin una poderosa industria nacional, y viceversa.
Y ninguna de ambas es posible sin una conciencia nacional.
MERCADO Y
PRODUCCIÓN
Son alentadores los signos que hablan de una reactivación industrial; pero ésta está aún acotada.
Es fundamental la adopción de medidas que tiendan a privilegiar la recuperación del mercado interno y la protección de la producción industrial.
Estas medidas deben contemplar también el aspecto jurídico-legal, de manera de dotar a nuestra producción industrial de un marco de protección y de un encuadre que les permita enfrentar de igual a igual los avasalladores apetitos de las multinacionales que, cuando reclaman "seguridad jurídica", en rigor sólo exigen privilegios operativos en desmedro de nuestra estructura económica.
Y hace también a la cuestión la recuperación por parte del Estado Nacional de los resortes estratégicos de nuestra economía, hoy cooptados por multinacionales: ya se hizo una vez; no es imposible volver a hacerlo.
Es la situación de nuestro país. En el marco de un proceso de recuperación nacional -aún tímidamente esbozado, como el que lleva adelante la actual administración nacional- se alienta una débil esperanza para la recuperación de la industria nacional.
Nuestra capacidad industrial, como país, no está aletargada o detenida; ha sido virtualmente aniquilada. Y hay que empezar de nuevo.
Al detenerse el proceso de desarrollo industrial nacional -que cobró una fuerza inusitada y aparentemente indetenible durante el primer gobierno de Perón, y parecía encaminarse definitivamente en su segunda gestión, antes de ser abortado ese proceso democrático, nacional y popular por la contrarrevolución oligárquica y proimperialista-, se detuvo, concomitantemente, el desarrollo tecnológico y virtualmente murió la investigación científica.
Y como colateral, millones de obreros especializados, adecuadamente agremiados por rama industrial, quedaron sin empleo y dió inicio un proceso paralelo de degradación social y marginalización de las masas, primero coyuntural, y luego definitivamente estructural.
Al mismo tiempo, mediante cuidadosas estrategias comerciales non sanctas, como el lobby y/o el dumping, las multinacionales extrajeras avanzaron sobre el país, inundándolo primero de manufacturas baratas para reemplazar los productos de la liquidada industria nacional y, posteriormente, para avanzar sobre la cooptación de los resortes estratégicos de la economía nacional: comunicaciones, recursos naturales, caminos, energía, etc.
Para tal cometido contaron con cómplices invalorables, sobre todo en el curso de la administración menemista, como lo fueron los ex jueces de la Corte Suprema, que le dieron el marco legal al saqueo del patrimonio del Estado Nacional, transformándose, de hecho, en una asociación ilícita disimulada con fórmulas y formulismos de aparente "legalidad".
En varias regiones de nuestra maltratada Patria Grande Latinoamericana millones de hermanos conviven con la pobreza más dramática, mientras sus suelos producen beneficios que bastarían para tener un presente más que digno, y un futuro por demás auspicioso.
Esos recursos han sido cooptados a lo largo de años y, de hecho, podría decirse que son pocos los países de este lado del mundo en los que sus naturales puedan asegurar que la renta anual per capita que producen les pertenece.
Ya queda claro que, si hay voluntad política y un pueblo movilizado, es imposible detener un proceso de cambio, en este caso puntual, salir de la economía de mercado y de la concentración de capital para avanzar hacia una economía justa y distributiva y, por ende, hacia un proceso de industrialización.
Es imprescindible alentar todos los aspectos que hagan a la recuperación de la economía nacional, y fundamentalmente aquellos que tiendan a darle a la misma un cariz de justicia social y equidad distributiva.
Para ello es necesario que se siga recuperando la industria nacional; por modestos que sean los emprendimientos que se logre poner en marcha, inevitablemente estos generarán, primero, mano de obra; luego, obreros especializados que podrán agremiarse por rubro, como corresponde, para defender sus derechos. Y en tanto, y paralelamente, la incipiente industria motivará el desarrollo tecnológico, que equivale a decir que fomentará la investigación científica.
El desarrollo industrial es el patrimonio fundamental de un estado, y es el verdadero valor de mercado que pesa en el delicado marco contextual de las relaciones políticas internacionales.
LA EX BARF: UN CASO
PARADIGMÁTICO
La planta de la ex Barf, sita en avenida Fortín Mercedes y Hernández, albergó otrora a una poderosa firma metalúrgica que, tras años de serios reveses económicos, tuvo que cesar en sus actividades.
Actualmente, el predio se encuentra embargado ya que hay una acción judicial en pleno proceso, activada por ex empleados de la empresa.
Desde ese momento a la fecha, las naves abandonadas de la planta han sido frecuentemente asoladas por vándalos y malhechores.
Inter medias, naufragó una iniciativa privada para montar en ese lugar una nueva firma del rubro metalúrgico, activada hace algunos años, como así también alguna iniciativa del gobierno local para adquirir el predio y trasladar allí áreas municipales operativas, como Servicios Urbanos u Obras y Servicios Viales.
La ex planta de la firma BARF ocupa un enorme predio -cerca de 9 mil metros cuadrados- sobre avenida Fortín Mercedes, entre Hernández y Martínez Fontes.
Este predio consta de un gran espacio originalmente parquizado, hoy invadido por las malezas, y las estructuras fabriles y administrativas en sí: hacia el lado oeste, ingresando por calle Hernández, se encuentra el ala de la planta que albergaba el área de arenado, más otros talleres y depósitos; al centro, se encuentra la antigua planta de fundición y mecanizado, con una "cancha", según se denomina en el rubro al espacio destinado a la colocación de los noyos, de enormes proporciones, más talleres y las áreas de mecanizado y, al lado, en dos plantas, se distribuían originalmente las áreas administrativas.
Las dependencias incluían además lo que antiguamente era el comedor y los servicios sanitarios del personal.
En sus buenos momentos, la firma llegó a ocupar a más de un centenar de empleados directos; producía piezas mecanizadas y fue una de las grandes proveedoras de la fábrica Vasalli, entre otras. Además, poseía una línea interna de créditos accesibles para sus trabajadores, un sistema de premiaciones por producción (es decir, repartía las ganancias entre los empleados ), facilitaba estudios primarios y secundarios a los hijos de los empleados.
El proyecto original de la firma implicaba que la familia propietaria, sin retirarse del directorio, compartiese la gestión y control de la empresa con los trabajadores, hecho cuasi revolucionario para el rubro, que pocos conocen.
Pero la firma resultó duramente golpeada por las sucesivas crisis económicas y el esquema de desindustrialización iniciado a fines de los 70, con el golpe cívico-militar del "proceso" que destrozó la producción nacional, y las políticas económicas neoliberales que aplicaron los gobiernos electos entre mediados de los 80 y 2003.
Como la ex Barf, en rigor, formaba parte de una cadena de producción industrial a gran escala, no pudo despegarse del nocivo efecto dominó que terminó por derrumbarla.
Si bien en sus últimos tiempos la industria no tenía ya tantos empleados como en sus tiempos de esplendor, estos, afectados por el hecho de quedarse sin trabajo, iniciaron acciones legales cuyo efecto inmediato fue el embargo de las naves y el predio.
Previamente, en una acción que muchos recuerdan poco menos que con horror, la justicia había ordenado el remate judicial de buena parte del equipamiento de la planta: así, y estuvimos presentes y por eso lo decimos en estos términos, una bandada de verdaderos buitres se llevó tornos, fresadoras y demás máquinas para mecanizado, moldes, herramientas y demás, despojando en términos prácticos a la planta de cualquier posibilidad de ser reactivada en lo inmediato, de no mediar, obviamente, una fuerte inversión en herramientas. Saqueo legal, que le dicen.
Comenzaba así un largo proceso de instancias judiciales aún no resuelto, mientras que el tiempo, los vándalos y los malhechores, se encargaban de saquear y destrozar las naves abandonadas que, a su vez, fueron invadidas por elevados pastizales.
((RECUADRO))
LO QUE HAY
QUE REVERTIR
Cuando hablamos de la pérdida de más de mil plazas laborales especializadas, no tomamos datos a la ventura: los aportó un viejo industrial, hoy retirado de la actividad -más bien, las políticas de Martínez de Hoz lo retiraron- que nos habló, sin pelos en la lengua, de lo que él define como "la decadencia industrial de Rojas".
"Para mí lo que pasó fue peor que una guerra militar; fue una guerra económica", definió.
Y apelando rápidamente a su memoria, recordó cuando hacia los '70 en Rojas estaban "Atirco, con 40 a 50 empleados; San Luis, que producía el mejor de dulce de leche del país, con una decena de empleados; estaba la fundición de Rugora, con unos 20 empleados; estaba Santiago Squillari, con unos 10 empleados; estaba la fábrica de arados y silos de Di Camillo, con 40 empleados; ChaMeSán; Martín, fábrica de implementos agrícolas; hacia Helguera estaba la fábrica de silos de Sartori; Juan Aulino, Pablo Aulino; Piovesán, que fabricaba engranajes, un maestro sin rival en la zona; y estaba Barf que llegó a tener 200 empleados, una industria de fundición y mecanización que llegó a ser impresionante y tenía como ochenta tornos y fresadoras, máquinas que luego fueron rematadas por monedas y esto es algo que no podemos olvidarnos los rojenses..."
Se suman además los casos de Capdevila, Basile, con fundición, Cardigni, que hacía discos de embrague de alta tecnología y tenía como 50 empleados, y la infinidad de talleres que proveían trabajos especializados para las industrias.
Esto, sin mencionar otras industrias que si bien han logrado sobrevivir, lo hicieron reduciendo obligatoria y penosamente sus estructuras laborales y de producción.
"El gran desastre fue la 1050, de Martínez de Hoz", sostuvo, que liquidó la industria nacional, pequeña, mediana y grande, y además a una infinidad de actividades comerciales que habían florecido hacia la década del '70.
En definitiva: no es un panorama simple el que hay que revertir. Pero las condiciones están dadas.
Lo que hay que hacer es asumir el desafío.
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