Descerrajaron dos tiros al “karateca” Martínez

Descerrajaron dos tiros al “karateca” Martínez
Uno de los proyectiles iba dirigido al abdomen. Ocurrió anoche, cuando llegaba al consultorio de su psicóloga. Le robaron la moto. Ocurrió horas después de que un testigo diera una reveladora versión.
Osvaldo “Alito” o “Karateca” Martínez, que está siendo juzgado desde hace tres semanas junto a Javier “La Hiena” Quiroga por el cuádruple crimen de La Loma, fue baleado anoche en un confuso episodio en el que un delincuente le robó le robó la moto, tras dispararles dos veces.

Martínez fue trasladado al hospital San Martín, donde se constató que revestía una herida superficial en la pierna derecha y fue dado de alta. El ataque se produjo horas después de la audiencia en la que un testigo dio una versión inédita que podría hacer dar un vuelco a la causa. "Tengo mucha gente en la de la cual desconfiar, pero no quiero dar un nombre", dijo Martínez tras salir de la comisaría Novena donde radicó la denuncia.

“Por supuesto que corre riesgo mi vida y que tuve miedo. Es la primera vez que me pasa”, subrayó. Dos de los jueces del tribunal III –Ernesto Domenech y Andrés Vitali-,se hicieron presentes anoche en la seccional. Y ordenaron una custodia policial para la víctima.

Martínez contó a Trama Urbana que recién había llegado a la sesión con su psicóloga en su moto Suzuki 125 por calle 9 cuando entre 63 y 64 cuando fue interceptado por un desconocido, quien le efectuó dos disparos. El atacante erró el primero pero volvió a apuntar al vientre de su víctima. En un acto reflejo, Martínez tiró un manotazo al arma mientras el delincuente apretaba el gatillo. La bala dio en el muslo de la víctima, tras lo cual el ladrón huyó en el rodado. La psicóloga fue testigo directo de los hechos.

Su abogado Julio Beley prefirió no descartar ninguna hipótesis y remarcó que le resulta “sugestivo” que el hecho se produzca a horas de la declaración del testigo José Fabián Lencina que, a su entender, pone en jaque los dichos del remisero Marcelo Tagliaferro, quien inculpa a su defendido, Martínez.

Ayer, en el juicio, un testigo –José Fabián Lencina-, describió una secuencia muy distinta a la reseñada la semana pasada por el remisero Marcelo Tagliaferro, con respecto a lo que vieron aquel fatídico 27 de noviembre de 2011 en el PH de las calles 28, 41 y 42, cuando fueron masacradas a golpes y puñaladas Bárbara Santos (29), Susana de Bárttole (69), Micaella Galle (11) y Marisol Pereyra (35)

Lencina declaró que vio a dos hombres y a una mujer, a los gritos, en la puerta del PH del barrio La Loma. Identificó al padre de una de las víctimas, en base a su morfología corporal.

Además, el testigo aseveró que recibió varias amenazas de muerte y ayer se enteró que las denuncias de las intimidaciones fueron archivadas. Los jueces del Tribunal III a cargo del juicio ordenaron una custodia.

Lencina dijo que estaba muy asustado, que había recibido amenazas telefónicas y hasta intentaron prender fuego la cabina del medidor de gas de su domicilio. “Nadie se interesa en lo que está pasando, después de esto (la declaración), qué pasa conmigo” se preguntó Lencina.

“Yo no quiero ser el próximo Julio López”, indicó, en relación al testigo desaparecido en La Plata luego de declarar en el juicio oral que culminó con la condena a perpetua del ex comisario represor Miguel Osvaldo Etchecolatz.

Al referirse al día del hecho, contó que en los primeros minutos del 27 de noviembre volvía de una fiesta (es disck jockey) en la quinta La Ernestina, de Arana, y se dirigía a otro evento en un salón de 42 entre 13 y 14. Alrededor de las 00:15 de aquel domingo -detalló Lencina.-, pasó frente por 28 entre 41 y 42, frente al PH donde se produjo la masacre. Vio a dos hombres y una mujer alrededor de un remís estacionado “a cuarenta y cinco grados” frente al trágico PH. Escuchó gritos “de queja, dolor, susto, miedo de mujer”. Pensó que se trataba de un asalto, aceleró su camioneta y se fue del lugar.

Un testigo en peligro

El testigo Lencina detalló ayer que el auto era un remís porque alcanzó a ver una oblea de habilitación en la luneta. Lo describió como “un Chevrolet Corsa II, de faroles grandes, con baúl y las luces traseras encendidas”. A bordo del vehículo dijo que vio al conductor sentado, con la cabeza hacia afuera, mirando al hombre que estaba parado detrás del vehículo; la puerta trasera del auto abierta y en el asiento trasero una mujer en posición fetal. Los dos hombres estaban discutiendo, gritaban, según indicó.

El joven aseguró que no pudo reconocer a ninguno de los protagonistas de esa secuencia, aunque señalizó que quien que estaba parado, fuera del auto, era “robusto”. En su segunda declaración aportó al fiscal la foto de Daniel Galle (padre de la niña asesinada). No aseguró que fuera él, el hombre que vio aquella noche, pero dijo que su fisonomía es “parecida”. Cuando el testigo declaró ante los jueces, el padre de Micaela no presenció la audiencia.

Tras su segunda manifestación, en la que aportó la foto, comenzó a recibir amenazas de muerte que se intensificaron cuando Osvaldo Martínez (uno de los acusados) recuperó la libertad en enero de 2012.

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