El ministro de Seguridad Ciudadana, Jorge Gassenbauer, será desplazado en los próximos días de su cargo, mientras la ola delictiva y los casos de corrupción policial desbordan al gobernador José Alperovich.
Gassenbauer, de profesión contador, y con el único antecedente político de ser el mejor amigo y cajero de Alperovich, demostró en forma palmaria ser un inútil para manejar a una policía cada vez más autonóma y dedicada a emprendimentos paralelos.
El ministro anterior, Mario López Herrera, también había sido deplorable, pero Alperovich lo mantuvo a capa y espada durante años, mientras los índices delictivos iban hacia arriba.
Al asumir Gassenbauer la situación se terminó por descontrolar.
Crecieron las peleas entre jefes por suculentos negocios, y comenzaron a salir a la luz múltiples casos de policías secuestradores, narcopolicías, crímenes dudosos con presunta participación de uniformados, etc.
Mientras Gassenbauer se dedica a distraer con anuncios sobre el 911 o las pistolas eléctricas, los delincuentes siguen avanzando, e incluso ya operan con audacia en pleno centro de Tucumán.
En las zonas más periféricas, decenas de miles de familias tienen que vivir prisioneras de ladrones y narcotraficantes que operan con complicidad policial.
Gassenbauer luego de las elecciones pasará a la cartera de Interior, para dedicarse a seguir contando dinero, ahora de las oscuras comunas rurales. En su reemplazo, Paul Hofer, inexperto secretario de Seguridad será ascendido a ministro.
Por lo menos hasta 2015, cuando Alperovich se vaya, estaremos condenados a que los parches y la falta de políticas frente al delito sigan deteriorando la vida de los tucumanos.



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