El mundo occidental enfrenta una crisis que se materializa en los altos índices de desocupación dentro de las nuevas generaciones, junto al aumento de la violencia. La pobreza cultural y material, una de sus principales causas.
En términos generales, el concepto de ?pobreza? se circunscribe a aquellos sectores humanos que carecen de los recursos materiales mínimos para satisfacer sus necesidades básicas. Sean de alimentación, vivienda, salud, trabajo y educación, entre otras. Muchas de las mismas garantizadas por la Constitución del país, y por el marco legal vigente.
Según la Organización de Naciones Unidas se ha llegado a disminuir la cantidad de personas en el mundo que vivían con menos de 1,25 dólares diarios (pobres): de 43% que había en 1990 al 21% en 2010. Ahora bien, considerar que una persona es rica o pobre en base a la cantidad de dólares diarios que posee para subsistir puede ser interpretado como un acto reduccionista dentro de una realidad mucho más compleja. La dignidad humana, no se mide en dólares.
Occidente en crisis
A fines del siglo XVIII (1798) Thomas Malthus expresó su famosa teoría en la que sostenía que mientras la población humana tendía a crecer exponencialmente, la capacidad de producción de alimentos lo hacía aritméticamente. Es decir, a menor velocidad. En caso de no aplicarse medidas de restricción, una situación de hambre y conflicto sería inevitable.
El avance de la ciencia y la tecnología han aminorado el impacto de sus predicciones. Sin embargo, en la actualidad existen 870 millones de personas que padecen hambre. Sin considerar los distintos tipos de epidemias, y conflictos bélicos, que padeció la humanidad. Las guerras, y la lucha por la supervivencia, son dos procesos inherentes a la naturaleza humana que se manifiestan de distintas formas en el transcurso de la evolución social.
Según las Naciones Unidas, la población mundial ya ha superado los 7.000 millones de habitantes; cuando hasta hace trece años alcanzaba los 6.000 millones. Los avances científicos y médicos, junto a mejoras en términos de productividad, han permitido que la expectativa de vida y producción se incrementaran. Pese a esto, la estructura productiva y laboral no ha logrado absorber gran parte de los millones de individuos que desean incorporarse a la fuerza de trabajo.
El orden establecido, bajo el liderazgo incuestionable del mundo occidental, pareciera empezar a debilitarse. En las últimas décadas los países asiáticos han decidido cruzar los límites históricos geográficos y culturales que se habían impuesto, incrementando de manera considerable su presencia en distintas regiones del planeta.
No sólo para fomentar más inversiones, sino que para garantizar la provisión de recursos naturales y empleo a sus estructuras sociales durante el presente siglo. Recursos que países como Argentina poseen en abundancia, pero subestiman sino desconocen. No solo alimentarios provenientes del campo y de nuestro mar; sino también energéticos, entre otros.
Incluir a los jóvenes
En la actualidad, la Organización Internacional del Trabajo, estima que cerca de 197 millones individuos están desocupados. Si bien el epicentro de la crisis se encuentra en los países desarrollados ubicados en Europa; también están afectados países en Asia, Africa y América Latina.
La tasa de desempleo entre los jóvenes menores de 25 años es de 12,6%, duplicando la tasa promedio y traduciéndose en 75 millones de individuos que seguirán incrementándose. Tan solo en las economías europeas, este índice se ubica cercano al 25%. España es el caso más conocido, el 52% de los jóvenes carecen de trabajo. Es decir, uno de cada dos. Y no por falta de educación.
Durante el primer trimestre la desocupación en el Partido de General Pueyrredon ascendió a un 9%: ¿Cuántos de estos individuos son jóvenes marplatenses? Más allá de las variaciones lógicas de una estructura económica que tiene en los trabajos eventuales de verano (comercio, turismo, etc.), una de sus principales fuentes de empleo; la consolidación de un modelo que garantice la inclusión ocupacional de las nuevas generaciones se presenta como un desafío.
La toma de establecimientos educativos en legítimo reclamo de mejoras edilicias distorsiona las bases culturales y preocupaciones que los jóvenes debieran asumir para consolidar el proceso de desarrollo del país. Cuando la violencia gana al diálogo, tenemos pan para hoy y hambre para mañana.
En los últimos años se han dado significativos avances en materia de inclusión social. Se han recuperado millones de puestos laborales. Más de 2,5 millones de adultos mayores que no contaban con jubilación fueron beneficiados. La Asignación Universal por Hijo, llegó a beneficiar a 7 millones de niños con el objetivo primordial de que los padres aseguren su asistencia a las escuelas y atiendan sus necesidades sanitarias básicas, entre otras medidas. Ahora bien, una vez que las nuevas generaciones culminen sus estudios primarios, secundarios o incluso universitarios: ¿la estructura productiva y cultural del país estará preparada para incluirlos socialmente durante las próximas décadas?
La ?Laborem Exercens? es la tercera Encíclica producida por el Beato Juan Pablo II en el año 1981 con motivo del 90° Aniversario de la Encíclica ?Rerum Novarum?. En la misma, se intentó actualizar la visión que tenía la Iglesia Católica acerca de la situación que estaba experimentando el mundo laboral y económico humano. Escrita hace 30 años, y recordada recientemente por el papa Francisco I, quizás tenga más vigencia que nunca.
En uno de sus párrafos, se pone de manifiesto el conflicto latente materializado hoy en día: ?Una planificación razonable y una organización adecuada del trabajo humano, a medida de las sociedades y de los estados, deberían facilitar a su vez el descubrimiento de las justas proporciones entre los diversos tipos de empleo: el trabajo de la tierra, de la industria, en sus múltiples servicios, el trabajo de planificación y también el científico o artístico, según las capacidades de los individuos y con vistas al bien común de toda sociedad y de la humanidad entera. A la organización de la vida humana según las múltiples posibilidades laborales debería corresponder un adecuado sistema de instrucción y educación que tenga como principal finalidad el desarrollo de una humanidad madura y una preparación específica para ocupar con provecho un puesto adecuado en el grande y socialmente diferenciado mundo del trabajo?.
Por otro lado el documento nos hace reflexionar: ?Echando una mirada sobre la familia humana entera, esparcida por la tierra, no se puede menos de quedar impresionados ante un hecho desconcertante de grandes proporciones, es decir, el hecho de que, mientras por una parte siguen sin utilizarse conspicuos recursos de la naturaleza, existen por otra grupos enteros de desocupados o subocupados y un sinfín de multitudes hambrientas: un hecho que atestigua sin duda el que, dentro de las comunidades políticas como en las relaciones existentes entre ellas a nivel continental y mundial -en lo concerniente a la organización del trabajo y del empleo- hay algo que no funciona y concretamente en los puntos más críticos y de mayor relieve social?.

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