Isabel Contrera sacó por la ventana a sus hijos y a su hermano, quienes dormían en la habitación que se desmoronó, justo en el sector donde no estaban las camas.
“Después que se cayó el techo llegaron los bomberos y lo apuntalaron. Pero por la tarde, las paredes no aguantaron y se cayó todo lo que apenas quedaba en pie”, contó la mujer, que vive en el asentamiento Sagrado Corazón de Jesús, en Marquesado. Y agregó que después recibió la asistencia de la Municipalidad de Rivadavia, que le entregó un nailon negro, palos y una bolsa de mercadería.
La familia vive allí desde hace unos 6 años y solventa sus gastos con el dinero que Isabel cobra a través de un plan social y la pensión que tiene Carlitos, el hermano que está a su cargo. “Yo trabajaba de ayudante de albañil. Pero terminamos de construir un barrio y me quedé sin trabajo. Además, me salió esta hernia, que no me deja hacer nada”, contó el muchacho señalando su abdomen.
Con su conocimiento, la mujer construyó las dos piezas de adobe y de a poco fue ahorrando para comprar ladrillos, cemento y arena. ‘El baño es lo único de material. Compré todo de a poco y cuando se me cayó el pozo, el municipio me pagó la construcción. Ahora tengo los materiales para hacer una cocinita y dos piezas, pero me cobran 8.000 pesos de mano de obra‘, explicó Isabel.
Ahora, ella pide colaboración con la construcción. No quiere que el invierno los agarre viviendo casi a la intemperie.
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