Denunciaron fumigaciones a veinte metros de viviendas

Denunciaron fumigaciones a veinte metros de viviendas

La situación la viven vecinos de Hipódromo, pero también se repite “en toda la periferia de la ciudad”, según señalaron desde un espacio ambiental. Los días que se aplican agrotóxicos padecen diarreas, vómitos y problemas respiratorios, en particular los niños

Los vecinos del barrio Hipódromo se están organizando para buscar soluciones a las problemáticas ocasionadas por las fumigaciones. Los campos, donde se siembra soja en verano y trigo durante el invierno, están a veinte metros de las primeras casas, lo que ocasiones diversas dificultades para la salud de los habitantes, en particular los niños y niñas. Incluso, el jardín de infantes municipal está ubicado a cien metros de los cultivos sobre los cuales se esparcen distintos tipos de agroquímicos.

El espacio ambiental “Mar del Plata contra el saqueo” viene acompañando a los vecinos de Hipódromo en la pelea contra esta problemática. La misma situación viven en San Jorge, donde se vienen movilizando desde el 2009 para denunciar la situación, y en Herradura. Incluso, ya hubo una denuncia presentada ante la Fiscalía General detallando que frente al barrio se estaban fumigando campos. “El expediente siguió su curso, pero no implicó una mejor situación para los vecinos. Se siguió sembrando y fumigando”, apuntó Fernanda Génova, una de las integrantes de la organización.

Desde fines del 2010, la tarea de información y concientización se trasladó también a Hipódromo, donde se sumaron vecinos que padecían distintas afecciones y que no lo habían relacionado con las fumigaciones. “La intención es que este reclamo llegue a las autoridades municipales, para que actúen en función de mejorar las condiciones de vida de la gente”, señaló Génova.

En el Partido de General Pueyrredon rige una ordenanza –que nunca fue reglamentada por el Ejecutivo local pero que está en vigencia- que determina que para fumigar deberá existir una distancia de mil metros hasta la primera vivienda. Sin embargo, no se cumple. “Esa ordenanza no se aplica. En el barrio Hipódromo, como en otros barrios de la ciudad, hay campos que se fumigan a 20 metros de las casas”, cuestionó.

Génova dio cuenta de la realidad que se atraviesa en la periferia de la ciudad. “Lo que los vecinos nos comentan es que hay muchos problemas respiratorios –sobre todo en chicos-; dermatitis, problemas de la piel, reacciones alérgicas; hubo casos de diarrea o vómitos en los momentos en que están fumigando; también en ese momento se siente el aire distinto, hay olor fuerte y sienten picazón en la garganta”, detalló.

“La mayoría plantea que su mayor preocupación son los problemas que van teniendo los nenes, que son reiterados y que a veces se dan en épocas que no son normales como las afecciones respiratorias, y tiene que ver con la presencia del cultivo de soja”, explicó la joven profesional.

En los campos, donde se alterna soja y trigo, se utiliza glifosato pero también insecticidas y plaguicidas: “Todos tienen efectos tóxicos”, señaló Fernanda.

En este sentido, explicó: “El uso de esos productos químicos está permitido porque tienen determinado nivel de toxicidad que se evalúa en función de análisis en laboratorios, que determinan la toxicidad aguda, pero no la toxicidad crónica”.

“La toxicidad aguda se mide haciendo un ensayo con ratas donde se ve qué dosis de agroquímico es capaz de matar al 50 por ciento de las ratas. Ahí se determina si un agroquímico es muy tóxico o levemente tóxico, que es el grado menor de toxicidad”, indicó.

“Pero el efecto crónico -cuestionó- no se evalúa en ningún lado, y eso es lo que hoy se está pidiendo: cuando caracterizan a un agroquímico que no sea sólo por su toxicidad aguda, sino por la crónica, porque las comunidades que están sufriendo problemas de salud, están sufriendo problemas crónicos, como cáncer, linfomas, leucemias, afecciones hepáticas, malformaciones congénitas, problemas endocrino, etcétera”.

El jardín de infantes municipal Nº14 se encuentra ubicado a 100 metros del campo, sin ningún tipo de protección de los vientos, “con lo cual parte de las fumigaciones pueden derivar en ese lugar”. “Afortunadamente la directora del jardín se sensibilizó con el tema y entendió que era una problemática muy grave. Entendió también que la población que está más en riesgo es la infantil, la más sensible al efecto de los agrotóxicos. Por eso abrió sus puertas para que los vecinos puedan utilizar el espacio para debatir y qué vías ir construyendo para abordar este problema”, destacó Génova.

Desde el Jardín se está gestionando una reunión con el titular de la Secretaría de Salud comunal, Alejandro Ferro, “para mostrarle la situación y ver cuál es la respuesta de esta Secretaría, que tiene mucho que ver con la problemática”.

Consultada por la atención que brindan a los afectados las salas de salud, la joven indicó: “Cuando un vecino va a atenderse por un problema de salud que puede tener que ver con las fumigaciones, la mayoría de los médicos no lo vinculan a eso y nunca preguntan si esa persona vive en un lugar que está siendo fumigado. Tiene que ver con un desconocimiento de la situación, con lo que puede pasar hoy y mañana en caso de seguir existiendo este tipo de problemas”, reparó.

Por último, Génova indicó que trabajan para “que se aplique el principio precautorio, que se aplica en la legislación ambiental e implica que hasta tanto no se compruebe que los agroquímicos no son nocivos para la salud, deberían dejar de fumigar. Al menos, en la zonas donde hay población”.

Dijo que apelan al “sentido común”: “Si vos no tenés datos certeros de que esto no puede causar daño, no lo apliques hasta que vos puedas comprobarlo. Pero hoy la Justicia o la legislación hace que las personas afectadas tengan que comprobar el daño causado”, cuestionó.

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