El casero del club Gutiérrez, César Rosales, dijo haber sido “golpeado y humillado” por cuatro policías por no tener entrada para ver el partido del domingo último. La discusión con los efectivos habría comenzado en su casa, que se encuentra al lado de la cancha de fútbol.
César Rosales tiene 47 años y hace diez que vive en una casa ubicada en el predio donde está la cancha de Gutiérrez, junto con su esposa, sus tres hijos y un nieto.
Cualquier fanático del club podría afirmar que la casa de Rosales ocupa un lugar privilegiado: está separada apenas por un alambrado del campo de juego. Además, maneja algunas llaves de acceso al predio, que facilita a la policía cada vez que hay partidos. Esto lo hace conocido de efectivos, hinchas y dirigentes. Y lo convierte en un espectador obligado de todos los encuentros que disputa Gutiérrez como local.
El domingo pasado, un rato antes de que Gutiérrez enfrentara en su cancha a Huracán Las Heras por el Argentino B, llegó de visita su mamá, Alba, que es inválida.
Antes de que empezara el partido, el casero la llevó (en su silla de ruedas) hasta un costado de una tribuna del equipo local. Para llegar hasta ese lugar apenas debió caminar unos metros por su patio.
¿Y las entradas?
Rosales volvió a su casa y cuando quiso regresar junto a su mamá, apareció un policía que le dijo que no podía pasar sin entrada.
"Le expliqué que estaba dentro de mi casa y que siempre veía los partidos en esa tribuna pero me dijo que tenía la orden de no dejar pasar a nadie", contó Rosales, y agregó que ese policía había sido quien antes le había permitido pasar con su mamá y al que le había entregado sus llaves de acceso cuando comenzó el operativo.
Como no lo dejaba pasar, Rosales le pidió al efectivo que, al menos, le permitiera ir a buscar a su madre. "Me respondió ?que se venga caminando como pueda'".
Esa situación originó una discusión que terminó (de momento) cuando Rosales caminó hasta el lugar donde estaba Alba y la llevó, en su silla de ruedas hasta otro costado del alambrado.
"En ese momento, el policía volvió y empezó a gritarme y me dijo que ?los negros bolivianos como yo no tenían que estar ahí'", agregó, al tiempo que admitió que, dada la situación, insultó al policía.
A la calle
Luego, aparecieron otros efectivos que lo sujetaron y lo llevaron a la fuerza hasta la calle. Al ver la situación, su hijo de once años intentó socorrerlo, pero fue empujado por un uniformado y cayó al piso. Todo esto se dio frente a Alba, que desesperada gritaba por su hijo.
"Cuatro policías me sujetaron, esposaron y me tiraron al piso. Uno de ellos me echó gas pimienta en el rostro, mientras el policía con el que había peleado me golpeaba en las costillas y en la cintura", afirmó. Esa agresión le dejó heridas en sus rodillas, antebrazos y rostro.
"Luego, me llevó en un móvil hasta la comisaría 29 y cuando entramos, le dijo a una mujer policía que le llevaba a ?un oscuro y que me hiciera una causa porque negros como yo debíamos pasar la vida presos'".
Rosales estuvo detenido 24 horas. Pasó por las comisarías 29 y 10, por el médico forense y contraventores.
Fue acusado por resistirse a la autoridad y de no tener entrada para ingresar a un espectáculo deportivo. Además le dijeron que recién en 20 días podía acceder a un abogado para que viera su situación.
"Soy un trabajador que nunca tuvo problemas con la policía. No tenía antecedentes y ahora los tengo. Sólo quiero limpiar mi causa porque me golpearon y humillaron por ser negro", terminó.
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