Desde el Centro Industrial de Panaderos advirtieron que el pan que la Comuna compra al Ejército para brindárselo a los chicos que asisten a las escuelas municipales es elaborado en forma clandestina e, inclusive, “se paga más caro que en las propias panaderías”. Afirman que nunca fueron “escuchados” por el intendente Pulti.
“En Mar del Plata se elaboran entre 3500 y 3700 bolsas de pan de 50 kilos de las cuales, aproximadamente, entre 1200 y 1400 se elaboran clandestinamente”, puntualizó.
En ese orden, advirtió que “el primer productor clandestino es el Ejército, que abastece a las escuelas municipales”. “El sueldo que cobra el personal del GADA 601 es para resguardar las oficinas y no para hacer pan y vendérselo a la municipalidad, ése es un trabajo de los panaderos legales”, enfatizó.
A su vez, el dirigente reflejó que a los trabajadores del sector se les exige el cumplimiento de determinadas normas sanitarias para la fabricación y entrega del pan y tener vehículos habilitados para la carga y descarga, entre otros puntos, mientras que “los camiones del Ejército andan descargando los canastos de pan en las escuelas municipales”. También subrayó que el producto del Ejército “se paga más caro que en las propias panaderías”.
Según dijo, esta situación tuvo su inicio “en el año 2002 con una licitación que adjudicaron directamente al Ejército, sin dejar participar a los panaderos” y pese a que “es una denuncia que venimos haciendo desde hace más de cuatro años y el control debería empezar ‘por casa’, ningún funcionario ha tomado medidas”. “Los concejales saben que desde la parte de Suministros de la municipalidad se está dando una situación embiste a los panaderos pero nunca nos han escuchado. Lo mismo sucede con el Intendente”, aseveró.
En tanto, Monzón alertó sobre los riesgos de consumir panificados de origen incierto. “El pan es algo que se come diariamente, que va directo a la mesa y tiene que cumplir varias normativas, pero esto en Mar del Plata hoy está completamente desvirtuado: a los funcionarios municipales el control de la comercialización del pan se le ha ido de las manos, los ha superado”.
A su entender, controlar la actividad “no es difícil” y sólo basta con “poner buena voluntad”. “No es necesario implementar un operativo, pero sí tener continuidad”, subrayó.
Y lamentó: “Desgraciadamente, le van a dar importancia a esto cuando haya alguna persona que termine con algún problema de salud y haga la correspondiente denuncia”.
Por último, el responsable del Centro Industrial de Panaderos aclaró que el precio del kilo de pan oscila entre “los $ 8 y $ 10” y que el hecho de que se comercialice a un valor mucho menor “implica que no haya sido elaborado bajo las correspondientes normas sanitarias”.
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