Una muy incómoda y desagradable situación le tocó vivir a la señora Cristina de Cirulli tras decidir cambiar de ubicación el cajón que contenía los restos de su padre, fallecido hace dos años.
Transmitió tal deseo a quienes desarrollan su tarea en el lugar, haciéndole saber que –en principio- también iba a trasladar los restos de su hermano que se encontraban en el Cementerio Central al del Oeste, algo que finalmente no se concretó ya que para hacerlo debía proceder a la reducción de los restos pero no estaban dadas las condiciones para ello.
Eso demoró por algunos días el inicio de los trámites pero finalmente, cuando informó de sus intenciones en las oficinas correspondientes, Cristina dejó también su número de teléfono particular para que se le informase cualquier novedad surgida en relación al tema y el momento en que se iba a concretar el traslado, una vez cumplimentado los trámites pertinentes.
Además se le había asegurado que no se iba a realizar esa tarea sin estar presente la familia.
Impotencia
e indignación
Los lamentables episodios para Cristina de Cirulli comenzaron el viernes último cuando concurrió al Cementerio del Oeste con el fin de informar que ya había efectuado los trámites correspondientes y llevar el comprobante de pago ante el municipio.
En ese momento, se le hizo saber que ya habían efectuado el traslado de los restos de su padre a la tumba. Tratando de sobreponerse a la desagradable sorpresa causada por la noticia, preguntó cuánto hacía que había tenido lugar esa tarea, algo de lo que ella no había sido notificada con anterioridad y por lo tanto desconocía absolutamente.
Se le respondió que eso se había concretado hacía unos quince o veinte días antes.
Totalmente indignada por lo sucedido se retiró del lugar pero, como intuyendo que allí no terminarían los episodios tristes, decidió volver ayer sábado a la tarde, acompañada esta vez por su esposo, sus dos hijos, su hermana, su cuñado y otro familiar.
En el lugar donde habían sido trasladados los restos de su padre, con la tierra aún fresca por lo cual es una evidencia que ese cambio se había efectuado hacía unos pocos días, comenzaron a excavar y se encontraron con que había una caja metálica no así el cajón de madera que teóricamente debía contener la misma.
Un sentimiento de impotencia invadió a Cristina y a quienes la acompañaban. En busca de respuestas ante lo que consideró como “un ultraje” hacia su padre y su familia, preguntó sobre lo ocurrido al sepulturero que se encontraba trabajando en ese momento en el Cementerio del Oeste quien solamente atinó a responder que “cumplía órdenes”, una respuesta idéntica a la que recibió el día anterior cuando se le informó que el traslado de los restos de su padre ya se había concretado.
Tras lo ocurrido, se dirigió a la comisaría segunda del Barrio Belgrano donde realizó una exposición de lo sucedido y allí se le dijo que era, aparentemente, “una cuestión más civil que penal”, comentó la indignada mujer a este diario quien contó que no se habían podido comunicar con el administrador de cementerios Carlos Barrios para plantear la situación.
“¿Porqué hacen algo que no corresponde?”, es la inquietud que atormenta a Cristina y no descartó el inicio de una demanda judicial porque “no quiero que esto le pase a otra persona, sino que todo debe hacerse como Dios manda. Soy muy cristiana y no puedo tolerar un trato así para con los seres queridos que ya no están junto a nosotros”, afirmó.
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