Denuncia que nació en una casa donde entregaban bebés en la década del 70

Denuncia que nació en una casa donde entregaban bebés en la década del 70
La criaron una modista y un sastre en Salta. Ambos murieron y le dejaron pocos datos sobre su origen. Marcela Camargo averiguó que el parto de su madre fue en una vieja vivienda de la calle San Luis en 1974.
Marcela Camargo se enteró a los 21 años de que no era hija biológica de la pareja que con la que creció. Buscando su identidad, descubrió que nació en una vieja casa de la calle San Luis, donde una partera entregaba a chicos al margen del sistema legal de adopción en los años '70. Cuatro décadas más tarde, la mujer vive en Pinamar y pide ayuda para rastrear a su madre.

Marcela relató que, de acuerdo con los datos que consiguió, embarazadas de otras provincias y del interior de Salta llegaban para dar a luz en la vivienda donde su mamá la tuvo, cerca de la cancha de Juventud Antoniana.

“La partera era la dueña de casa. Se llamaba Sara Moya y murió hace mucho tiempo. A los chicos los daba... sin ninguna información de su origen. En el lugar sigue viviendo la hija pero dice que no se acuerda de nada y que no quedó ningún tipo de registro. En este tiempo ya conocí a otras dos personas que nacieron ahí”, aseguró.

La mujer también se enteró de que su madre adoptiva la retiró una noche, a principios de 1974, de la vivienda de la calle San Luis y se la llevó solo envuelta en una toalla. Luego la anotó como su hija biológica en el Registro Civil, lo que sugiere que pudo haber existido complicidad de este organismo. Vecinos de la zona confirmaron que la partera trabajaba en su domicilio particular y que falleció hace más de dos décadas.

Marcela tiene 40 años. Si bien sus documentos dicen que llegó al mundo un 18 de enero, ella no sabe si es la fecha real. “Cuando era chica encontré un mensaje escrito a mano en un ropero. Decía que nací el 15 de enero”, relató.

Manuela Varas, su mamá de crianza, era modista y estaba casada con Eusebio Camargo, un sastre. Ella murió hace 8 años y él, hace 30. Marcela creció en Villa Soledad, en el macrocentro de Salta Capital. Recién cuando tenía 21 años, Manuela le confesó que era hija adoptiva, pero le reveló lo menos que pudo sobre su origen.

“Tuvo que hablar conmigo porque yo había entrado en una crisis emocional muy profunda y no podía salir. Desde chica intuía que algo raro pasaba. Sentía que a otros chicos los trataban mejor en sus casas. Me pasé la vida en psicólogos... alguno le debe haber pedido a mi mamá que me contara la verdad”, recordó.

La madre biológica de Marcela era adolescente cuando la tuvo y, por lo que llegó a saber, podría ser de Corrientes o de alguna otra provincia del Litoral. “Quizás ella crea que soy varón. En los últimos años aprendí que a muchas mujeres, cuando les sacan a un hijo recién nacido, les dicen que era del sexo opuesto al verdadero. Así, evitan que luego lo encuentren”, sostiene.

Hasta lo que averiguó, sus padres adoptivos no pagaron por ella. Sin embargo, no puede asegurar que en otros casos no haya existido venta de niños en la casa de la partera.

A los pocos datos que tiene acerca de su nacimiento, Marcela los consiguió haciendo preguntas sobre el pasado entre familiares. A mediados de 2013 se unió a “Hijos Biológicos buscamos identidad”, una organización que ayuda a difundir historias como la suya por internet.

Vivió en Salta hasta hace 12 años, cuando decidió mudarse a Pinamar por cuestiones laborales. Ahora está estudiando bibliotecología, trabaja en un complejo de cabañas turísticas y tiene dos hijos.

“No guardo reproches ni rencores para nadie. Solo necesito encontrar a mi madre y saber quién soy. Voy a seguir luchando porque ya no puedo vivir con esta sensación”, expresó.

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