Denunció a un boliche que no la dejó entrar con una amiga negra

Denunció a un boliche que no la dejó entrar con una amiga negra
Una joven dice que el argumento fue: "Esto es de elite". Los dueños del bar juraron no limitar el ingreso, pero igual pidieron disculpas.
"Lo que menos quería era terminar así. La noche estaba divina y nosotras cuatro supercambiadas", contó ayer Pamela Cacciarelli, una rosarina de 26 años que fue a denunciar ante la GUM que el sábado a la noche no las dejaron entrar a un bar aduciendo que la clientela "era de elite". No le llevó mucho deducir por qué seguían en la cola mientras otra gente ingresaba. "Ninguna de las cuatro encajábamos en el estereotipo de elite: no somos cool ni tenemos un mango, y encima una de nosotras era negra", contó. Como no quiso "angustiarla más" a su amiga, de nacionalidad colombiana, no radicó la denuncia esa noche, sino ayer. Enterado de la situación, uno de los dueños del bar se mostró consternado. "La palabra elite no está en mi vocabulario: no la rechazo como comerciante sino como persona", aseguró Alejo Vivas. Igual, prometió hacerse "cargo" y pidió disculpas.

El bar es Kubrick (Moreno 845), que reabrió sus puertas el viernes pasado tras permanecer cerrado toda la temporada de verano. Un día después, hasta allí fueron a divertirse Pamela y sus tres amigas, una de ellas de origen colombiano, aunque radicada hace dos años en Alvear, tras haberse enamorado de un argentino.

Pero, según denunció Pamela ante el titular de la GUM, Gustavo Franco, y el asesor letrado de la repartición, Aníbal Porri, en el ingreso del bar se encontraron con tres colas: una de mujeres, otra de varones y una tercera "del estándar social que ellos consideran" merecer, dijo. La única que pasaba rápido era la "fila dinámica", es decir, la VIP.

Cuando la chica consultó a uno de los encargados de seguridad (que la reconoció por ser habitué) si "valía la pena esperar", el hombre miró a su amiga negra y le advirtió que no las dejarían pasar, que ella "debía saber cómo funcionaban las cosas" en el bar.

Y, como si con esa "explicación" no alcanzara, también escucharon al encargado del local decirle "entre dientes al patovica «filtrame toda la gente que puedas, acordate de que esto es de elite»". Acto seguido, cinco personas que venían tras ellas pasaron sin problemas.

Pese a su indignación, Pamela declinó radicar la denuncia esa misma noche para "no angustiar más" a su amiga y probar en otro boliche. "Ella agarró al vuelo lo que pasó. Hasta me dijo «estoy acostumbrada», pero yo no acepto acostumbrarme a ese discurso, no hay que ir más a los boliches donde un pelotudito te señala con el dedo y te dice quién es o no es de elite", bramó.

Decidida a que conceptos como "pertenecer a", "ser de elite", "hijo de" o de "buena familia" dejen de funcionar como criterios de admisión, la chica firmó una denuncia, que Franco elevará al Tribunal Municipal de Faltas y a la Oficina de Derechos Humanos.

El funcionario dijo que no son "situaciones frecuentes" (en 2012 sólo hubo tres denuncias por no permitir el ingreso a un local a una persona por su orientación sexual), pero igual exhortó a los que las vivan a llamar al 0800-444-0909 para que la GUM actúe en el momento.

Uno de los dueños del bar se hizo "cargo" de lo ocurrido, aunque aseguró que el concepto de "elite" no existe en su vocabulario ni en su historia (tanto comercial como personal). Vivas prometió, además, charlar con su personal de seguridad para "aclarar los lineamientos", ya que dijo que la única condición para el ingreso es que no se supere el factor ocupacional y recordó que el local "jamás discriminó". Pese a eso, admitió que existen "clientes VIP".

Pamela ironizó: "La única tarjeta para entrar de una es, si sos mina, tener un lomo divino o las tetas hechas, y si sos chico, tomar anabólicos o jugar al rugby". Las disculpas llegaron más tarde. Pero ellas no se las creyeron, sobre todo después de enterarse de otro caso similar, en el mismo bar.

Dos antecedentes en el mismo local

Jackson Correa (29 años) es venezolano. Y morocho. No sabe cuál de las dos razones talló más para que tampoco lograra ingresar al bar Kubrick, aunque en este caso el viernes pasado.

“En un año que llevo en Rosario nunca antes me había pasado”, afirma Jackson.

Como el viernes era la fiesta de reapertura del bar y había invitados especiales, los que querían ingresar debían anotarse antes en una lista. Jackson, obediente, se inscribió.

Pero no lo llamaron y a su alrededor la gente iba pasando. Cuando consultó por qué, le pidieron el documento. Al final, sencillamente no ingresó porque no lo dejaron.

A su vez, la concejala radical María Eugenia Schmuck recordó que a principios de 2012 se negó la entrada de jóvenes a Kubrick y entonces el Palacio Vasallo aprobó un decreto para que notificar al bar las normativas vigentes en materia de derechos y admisión, y discriminación.

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