Muchos pasan de largo en la urgencia de la rutina, llegar al trabajo, llegar a la casa o simplemente pensando en otras cosas en tiempos de vacaciones. Sin embargo, frente a la plaza San Martín una estructura vieja en plena demolición que sobresale apenas tapada por un muro de chapas hace que la gente se detenga un segundo.
Se trata del viejo Colegio Nacional, mejor dicho de la fachada de lo que en algún momento fue el frente de la institución. Claro, hoy el frente nuevo ya se erige al descubierto sobre la avenida 25 de Mayo con la clásica arquitectura de los nuevos edificios educativos, todos correctamente uniformados o muy similares.
Seguramente el nuevo edificio tendrá muchísimas más comodidades, mayor aprovechamiento del espacio y por lo que se ve acondicionadores de aire en todos sus ambientes, funcionalmente cumplirá con el estereotipo que tiene en general esta clase de obras públicas calculadas casi en serie por las empresas contratistas del estado.
Pero de tantos transeúntes que caminan para hacer gimnasia por la plaza, más de uno se detiene por unos instantes a observar en silencio la vieja mole moribunda, cargada de simbolismos, de viejas luchas y momentos gloriosos.
Y es que la modernidad de la obra pública ha aplastado con fuerza desproporcionada varios edificios históricos en la ciudad de Formosa sin respetar su fisonomía original ni siquiera tomando en cuenta la voluntad de los ciudadanos.
Pero construyendo sobre edificios históricos o modificándolos sin criterio alguno, demoliendo inmuebles con valor patrimonial se atenta directamente contra la memoria colectiva para dar una nueva visión de la ciudad. Una ciudad moderna pero con poca memoria.
El viejo edificio de la Dirección de Catastro, antes abandonado, hoy demolido sobre calle Hipólito Yrigoten El viejo edificio de la Dirección de Catastro, antes abandonado, hoy demolido sobre calle Hipólito Yrigoten Surge inmediatamente la pregunta ¿Cuál es el criterio que utilizan los profesionales que actúan en la construcción o modificación de edificios históricos, si en el proyecto ni siquiera se contempla la valoración arquitectónica asociada a la identidad ciudadana?
¿Qué parte del gobierno municipal o provincial trabaja en la preservación de la arquitectura histórica y cultural?
Son preguntas que caerán como muchos de los ladrillos rotos de edificios emblemáticos de la ciudad en el olvido y de los cuales solo quedará una foto de archivo.
Mientras tanto en la suntuosidad de contrucciones modernas se irá perdiendo cada vez más la memoria de los formoseños, en la vorágine de demoler el patrimonio cultural e histórico de los ciudadanos.
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