La delincuencia destruye también las ilusiones

La delincuencia destruye también las ilusiones

Luego de sufrir un asalto en su local, donde lo golpearon con un revólver en la cabeza, un comerciante de avenida 9 de Julio decidió cerrar las puertas ante el desamparo que siente.  

La noticia podría quedar como una crónica policial más, pero Jonathan Michaux de 22 años y licenciado en Gestión de Empresas sufrió mucho más que un robo violento, donde le llevaron unos pocos pesos que tenía en su licorería de 9 de Julio al 1500, un teléfono celular, una notebook y un culatazo en la nuca que le propinó uno de los dos Motochorros, quien portaba un arma; todo sucedió el viernes cerca de las 11 de la noche. 

La ilusión que tenía Jonathan era vivir de un trabajo honesto y para el cual estudió una carrera universitaria. Estuvo en Diario San Rafael y con gesto adusto dijo "abandono, cierro el local definitivamente". Además del robo, hace poco tiempo sufrió una malversación de fondos por parte de un proveedor que le costó alrededor de 10 mil pesos. Demasiadas cosas para una persona que recién empieza. 

"Abrí hace 5 meses, empecé con expectativas, pero ya no me quedan ganas", explicó. Además de ser licenciado en Gestión de Empresas, es escritor aficionado y en la computadora estaba una trilogía, es decir 3 libros de su autoría. Cuando les pidió a los ladrones que por favor le dejaran la máquina fue cuando "el que tenía el revólver me pegó un culatazo en la nuca que me hizo desistir de pedir por mi obra", afirmó. No quería la máquina, quería que le dejaran sacar las novelas que tenía grabadas en un pen drive. Claro, pero ¿cómo lo iban a dejar hacerlo? Si quizás ninguno de los dos tenga la más remota idea de lo que es el trabajo de escribir. "Veinte minutos antes había estado corrigiendo el último capítulo de la tercera novela. El golpe fue fortísimo y caí al suelo. Buscaban más dinero y más cosas de valor", relató. Revisaron el local y le dijeron que se metiera al baño y "no salgás porque te metemos un tiro", vociferó uno de los malvivientes. 

Se fueron y lo dejaron encerrado.  Los vecinos de una rotisería lindera oyeron sus golpes contra la pared. Finalmente llamaron a la Policía que llegó rápidamente. Tras realizar un reconocimiento con fotos en la comisaría 32, donde no pudo identificar a nadie, pues los ladrones estaban con cascos y con pañuelos, se fue de la dependencia policial. "Todos se parecían", explicó. Le ofrecieron llevarlo al hospital para que lo atendieran por el golpe, pero no quiso.

Las palabras salen de su boca como una ráfaga de metralla, miedo, impotencia, descreimiento, dolor, bronca y angustia son las más utilizadas cuando se le preguntó qué sintió. 

"No era la primera vez que me robaban, ya habían entrado al local  pero fue mucho más leve" y agrega que la Argentina "está dividida, hay como una especie de muro. De un lado están los policías, los políticos, los que deberían cuidarnos y los delincuentes… Del otro, estamos todos los que nos tenemos que sacrificar para ganarnos la vida a diario". Su pensamiento fue tomando un sentido especial cuando mencionó que "no se puede hacer nada, a veces pienso que el problema de la inseguridad tiene tantas aristas que no se puede culpar a una sola causa. Cuando hablan de medidas judiciales duras o más educación, creo que ya hemos perdido todo el tiempo que teníamos disponible". 

Se lo nota cansado a pesar de su juventud, abatido sería la palabra exacta "siempre quise tener mi propio emprendimiento comercial y lo logré, quise escribir y también lo logré, aunque en un momento me robaron todo" y afirma "no me van a vencer, voy a seguir intentando realizar mis sueños". 

Mientras sale del diario extiende la mano con la mirada gacha. En pocos minutos, durante una noche de viernes, acá nomás, en pleno centro de una ciudad sitiada por la inseguridad le robaron todas las ilusiones. 

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