Espinoza fue condenado por el asesinato del conserje Toribio Morales, en Neuquén. La mujer que lo entregó a la Policía es actualmente su esposa.
Trajeado y con la mirada puesta en el tribunal, escuchó el veredicto, mientras ella esperó cabizbaja la resolución de los jueces, detrás del banquillo del acusado.
No fue una sorpresa para el imputado recibir esa pena, ya que surgió por acuerdo parcial entre el defensor oficial Fernando Diez y el fiscal Maximiliano Breide Obeid. Luego los jueces Mara Suste, Marcelo Benavides y Cristian Piana homologaron lo convenido entre las partes: nueve años de prisión por el delito de homicidio simple –cometido con un arma blanca–, en concurso real con un hurto y una defraudación especial.
Para acordar el mínimo de la pena prevista por homicidio –8 años– y luego sumar un año por el hurto y la defraudación, hubo circunstancias particulares en el caso que hicieron posible ese desenlace.
En principio el imputado no tiene antecedentes delictivos ni causas abiertas ni antes ni después de cometer el hecho por el que fue condenado.
La fiscalía también consideró que está detenido desde junio de 2013. Advirtió que el homicidio que cometió no tiene agravantes y contó que el sospechoso en el encierro contrajo matrimonio con la mujer que por entonces era su novia, situación que la invalida como testigo en la causa.
Espinoza, además, reconoció haber asesinado a la víctima en una audiencia anterior que tuvo lugar el pasado 6 de marzo, en la que mostró arrepentimiento.
Ayer, su defensor Diez lo recordó en otros términos: “Asumió la responsabilidad”.
Cuando el fiscal Breide Obeid pidió al tribunal que acepte la condena de nueve años, a su turno el defensor dijo: “Entiendo razonable la pena, no tengo objeciones”.
El acuerdo entre las partes no sólo facilitó al imputado la imposición de la pena mínima por el delito de homicidio, sino que a los fines del proceso ya no fue necesario ir a un juicio oral.
El crimen
El hecho investigado tuvo lugar el 28 de mayo de 2013, alrededor de las 2.15 de la madrugada, cuando Toribio Morales y el acusado fueron en un auto –Volkswagen Voyage– a una zona descampada y adyacente a la picada conocida como arteria Huilén, a unos 400 metros hacia el norte de la planta transformadora del EPEN, sector Parque Industrial.
Allí le provocó al menos nueve puñaladas con un cuchillo y, por temor a ser atrapado, huyó en el auto de la víctima. No fue lejos porque sufrió un vuelco en Novella y Huilén. Luego se apoderó de la billetera y abandonó el rodado.
Con las tarjetas de crédito de Morales más tarde se dirigió a un local de venta de electrodomésticos, donde compró dos teléfonos celulares.
Según informaron ayer fuentes judiciales, su novia lo denunció en la Policía, pero como luego se casaron cuando el hombre ya estaba detenido, la mujer no pudo servir a la fiscalía de testigo.
Comentá la nota