El establecimiento es el único de la ciudad y la zona destinado a la educación de ciegos y disminuidos visuales. Funciona en una vieja casona, sita en Bolivar 3431, cuyo extremo deterioro pone en riesgo a las más de cien personas que concurren a diario.
Y agregó: “ni bien apareció el reclamo en nuestras oficinas, iniciamos las gestiones pertinentes ante la Provincia de Buenos Aires para conseguir respuestas. Y, con perfil bajo, hemos logrado partidas presupuestarias para rentar otro espacio”.
“Sin embargo, nos encontramos con que el lugar elegido por las autoridades había sido alquilado por otra gente; en consecuencia, volvimos a cero”, admitió.
Consultado por los pasos a seguir, Azcona dijo: “en las últimas horas nos hemos reunido con el Colegio de Martilleros y con agentes inmobiliarios de la ciudad para que ellos nos ayuden a conseguir una casa, hotel o cualquier otro establecimiento que nos sirva para el traslado”.
Y concluyó: “no perdemos las esperanzas, pero lo necesitamos ya”.

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