Por Ricardo Kirschbaum“Ninguna sociedad moderna puede funcionar sin periodistas, y los periodistas no pueden funcionar sin la sociedad ”. Lo dijo el gran periodista polaco Ryzard Kapucinski para ilustrar dos cuestiones muy vinculadas.
Los periodistas, entonces, deben formar parte de la sociedad a la que le prestan un servicio.
Deben transmitir valores , aunque a veces sea disimulado por una gruesa capa de cinismo que tiñe el trabajo. Y deben ser veraces, aunque la información que manejen y publiquen moleste a quienes se dedican, de una forma u otra, a obstruir y condicionar la libertad de expresión y de opinión .
Entre los periodistas, hay autoeticistas que presentan su conducta como evidencia y no salen muy favorecidos en ese escrutinio. Y otros que practican la ética, sin preconizar que son éticos.
Detrás de las palabras con la que trabajamos todos los días, existe la decencia y la indecencia, como en la vida.
Más allá de los adelantos tecnológicos, los desafíos profesionales nuevos que el periodismo –y los periodistas– enfrentamos a diario, siempre hay condiciones básicas que deben sostenerse . No tienen que ver con los formatos nuevos, con las tabletas de última generación, con la nueva Internet ni con las estrategias necesarias para que el periodismo sobre papel sobreviva. Tiene que ver con valores .
La decencia, ya se sabe, no tiene ideología.
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