José Luis Roldán fue a Malvinas cuando tenía 18 años. Hacía el servicio militar en Río Grande. Recuerda los momentos de tristeza, sufrimiento y dolor.
“De muy chico me tocó ir a Malvinas, tenía 18 años. Aquel 2 de abril estábamos haciendo guardia en la frontera con Chile. Siempre en las instrucciones de combate (veníamos haciendo prácticas desde hace varios meses) nos decían que teníamos que estar preparados para una guerra pero creíamos que nunca iba a pasar. Y si pasaba algo, suponíamos que el problema iba a ser con Chile…nunca nos imaginábamos ir a Malvinas”, recordó.
En su relato continuó diciendo: “El 2 de abril al noche, hicimos varios movimientos de tropas y a la madrugada nos comunicaron que se había tomado Malvinas. Que nos teníamos que sentir orgullosos, porque estábamos cumpliendo con el servicio militar. Nos pusimos contentos hasta que nos tocó ir” expresó con una sonrisa forzada mientras
retrotraía todo cuanto había pasado en aquel entonces. “Nos comunicaron que teníamos que volver al batallón para preparar todo nuestro equipaje. Nos metimos en un camión y nos dieron más municiones porque ya estábamos armados. Esperamos hasta el día 8 que nos embarcaron y nos llevaron a Malvinas”, manifestó.
Escribir a la familia
Sobre lo que viene a su mente de aquel día cuando les informaron que debían cumplir con su deber en tierras malvinenses José Luis aseguró: “Cuando llegamos al batallón de Río Grande, nos pagaron el sueldo para que compráramos chocolates y calorías para llevar. Fue ahí cuando le pudimos hacer una carta a la familia, porque en esos tiempos el teléfono no existía. Les informábamos que nos llevaban a Malvinas”, indicó.
Respecto a lo sucedido en esa jornada, Roldán aseguró que llegaron al Aeropuerto y cruzaron el pueblo de Malvinas. Recuerda que había un galpón de esquila donde pasaron la noche y al otro día, armaron las posiciones hasta el día del combate. “Estuvimos todo lo que duró la batalla, vivimos el momento de ser rodeados por los ingleses. Tuvimos que escapar porque nos seguían los helicópteros y lograrmos llegar a Puerto Argentino donde estaba la tropa; incluso ahí también estaban los ingleses” remarcó.
“No dormíamos”
Roldán manifestó además que durante las noches, lo único que se escuchaban eran bombardeos y el zumbido de las municiones. “No dormíamos, era imposible” destacó, resaltando que “estábamos en un refugio, húmedos y con frío. Lo peor era el bombardeo y pensar la familia, llorar porque no sabías que iba a pasar. Con 18 años uno no puede resolver mucho”, admitió.
En ese sentido, continuó diciendo: “Yo estaba en un punto muy alto. Con un infrarrojo veía cuando salían las bombas de los aviones. Veía el fogonazo y de ahí, adivinar donde caía, no entendíamos nada. En Río Grande habíamos hecho prácticas de tiro con aviones, pero nunca nos imaginábamos semejante explosión de bombas de los buques”, expresó.
José Luis se refirió también al momento en que la pesadilla había terminado y podría retornar a su hogar. “Sentí tristeza por un lado y alivio por el otro. Sabíamos que se había terminado todo pero también sabíamos que habíamos perdido la guerra. Tristeza se siente en momento de combate. Ver caídos y heridos a los compañeros es muy feo porque no se sabe en qué momento le va a pasar a uno”, confió el ex soldado.
Explosiones y gritos
“Cuando cierro los ojos recuerdo los momentos de estar en el pozo, solo y escuchar explosiones, gritos….eso me viene a la mente. Después me vienen imágenes estando prisionero, junto a 70 muchachos más que nos llevaron a destapar minas” terminó diciendo en su relato el ex combatiente al estar hoy a 31 años de ese gran calvario en su vida que fue el de estar en una guerra en cuerpo y alma.
Comentá la nota