“En la búsqueda de consolidar al peronismo de la Provincia orgullosamente acepté encabezar la lista de Senadores Provinciales del FPV”, twitteo el intendente Darío Díaz Pérez en su cuenta personal, pero la realidad es que Lanús se ha convertido en una olla a presión a punto de estallar y nadie garantiza en el distrito que el voto dariisita ahora vaya a sumarse al resultado que espera obtener La Cámpora en el distrito.
Díaz Perez tenía todo lo que se necesita para ganar las Pasos y obtener su tercera reelección, pero la democracia se convirtió en dedocracia, desde Casa Rosada decidieron que La Campora se quede con el distrito y le negaron al pueblo de Lanús la posibilidad de elegir libremente entre Díaz Perez y el camporista Julián Álvarez, el elegido de Wado de Pedro. Todo hubiese sido democrático y legitimo si Álvarez desbancaba al actual intendente en las urnas, como corresponde en una democracia, pero ante la enorme posibilidad de no contar con el apoyo popular La Campora decidió colgarse de la boleta de Scioli solicitando en lo más alto del poder que le despejen el camino, sin contrincantes, sin pasar por una interna partidaria como debe ser y, sin dudarlo decidieron desplazar a un intendente que no podían derrotar en el cuarto oscuro y convirtieron a Lanús en un distrito con mucho resentimiento en la militancia peronista, que empieza a jurar que no van a votar a un candidato puesto a dedo, lo desacreditan y el FPV corre el riesgo de perder un enorme caudal de voto que hubiese retenido, si la decisión final la hubiese tomado el pueblo de Lanús a través del voto popular.
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