Daniel Bassi: "Encontré a Vialidad Provincial destruida, estaba devastada"

Daniel Bassi:

En una entrevista al Director de una de las instituciones claves en el desarrollo de San Luis, habló de la herencia, la tarea actual, los proyectos y los autódromos. "Esta entidad volverá a trabajar como antes", prometió. 

Llega apurado, acelerado, como en sus épocas arriba del auto, cuando corría en el Campeonato de Rally. Pero ahora sus responsabilidades cambiaron. Lejos del buzo antiflama, ahora Carlos Daniel Bassi tiene un desafío mucho mayor que subir primero al podio: es el director de Vialidad Provincial -cargo que supo ejercer Carlos, su padre- y además de recuperar una repartición jaqueada por las maquinarias y herramientas rotas, tiene como misión llevar soluciones viales a los puntanos que necesiten los servicios de la entidad, además de desarrollar distintos proyectos que tiene agendados el Estado puntano.     

"Me cuesta explicar cómo recibimos a Vialidad. Esto era un abandono total"

 

 

—¿Cómo fue la herencia recibida de la anterior gestión. Cómo encontró a Vialidad después de asumir?

—La herencia, la forma en la que, el 12 de diciembre, recibí a Vialidad Provincial es difícil hasta de explicar. Uno puede creer que puedas descuidar una institución, pero nunca abandonarla de la manera en la que dejaron en el olvido a esta casa. Jamás me imaginé que esto estuviera así. Cuando crucé la puerta y vi esto, no lo podía creer.

Yo vi a Vialidad cuando mi padre estaba al frente de la institución. Sé cómo él la dejó. Esto funcionaba. Fui testigo del trabajo que hizo junto al gobernador Alberto Rodríguez Saá. Vi todo lo que hicieron. Construyeron autódromos, autopistas, rutas, los dos mejores autódromos de Sudamérica. 

El de Potrero de los Funes está catalogado como el tercero más bonito del mundo, en una encuesta deportiva que hicieron en Estados Unidos. A todo eso había que cuidarlo, mantenerlo. Porque lo más difícil era ponerlo en marcha, hacerlo funcionar y eso, ya estaba listo porque Vialidad tiene la misión de llegar a todos los puntos del territorio. Tiene la gran responsabilidad de llegar a cualquier paraje o pueblo. Tiene la obligación de asistir a los vecinos, a las escuelas rurales, atender a los productores, atender urgente a los inundados. 

Para mí entrar y encontrar semejante estado de abandono fue muy triste. Esto estaba devastado. Era la destrucción total. Había máquinas que se rompieron y las abandonaron en el medio del campo. No fueron capaces de empujarlas, cargarlas y traerlas a San Luis para guardarlas. 

Porque si no las querías arreglar, perfecto, pero traerlas a la central para que no se arruinen. Esas máquinas son de todos los sanluiseños, son bienes estatales y estaban tirados. Máquinas que, en medio de ellas, había hasta dos metros de yuyos. Las dejaron tiradas a que se pudrieran.

 

 —¿Cómo es el panorama actual de la entidad, qué aspectos lograron recuperar? 

—Ahora estamos tratando de recuperar esos móviles, haciendo relevamientos e inventarios para ver qué repuestos necesitamos y cómo ponerlas en marcha. Estamos empezando a arreglarlas para darle soluciones a la gente que clama por la ayuda de Vialidad. 

La entidad colabora con los intendentes de los pueblos del interior, con los productores, las maestras o directoras de las escuelas rurales. Tengo mucha fe en que sacaremos esto adelante junto al Gobernador y al equipo de trabajo que armó. Confío mucho en los trabajadores viales. Ellos tienen una fuerza de voluntad, unas ganas de trabajar, de servir a sus comprovincianos muy grande. Por eso estoy convencido de que sacaremos a Vialidad adelante.

 

—¿Cuántos campamentos tenía Vialidad y hoy qué lograron restablecer?

 

—Teníamos siete campamentos. Ahora tenemos cinco. Encontramos campamentos abandonados a su suerte, estaban tirados. En Palo Verde teníamos uno que desapareció por completo. No existe más. Otro en La Calera estaba abandonado, pero lo vamos a recuperar. Y ahora contamos con predios en Unión, La Punta, Zanjitas, Merlo, La Toma y San Francisco. Ésos están funcionando pero hay que mejorarlos, ponerlos en óptimas condiciones para que trabajen como debe ser.

 

En esos lugares hay maquinaria rota que estamos trayendo para la central para repararla. Ahora trajimos dos máquinas y dos camiones para recuperarlos. Había una topadora que estuvo tres años parada, tirada y ahora pudimos ponerla en marcha. La vamos a traer para mejorarla. Otra estuvo cuatro años parada, tirada. Pero la arreglamos, la pusimos en marcha y hoy está trabajando en Alem. En el cauce del río El Palmar, ahí está después de cuatro años de abandono.

 

Cuando entramos teníamos el 90 por ciento del parque parado por roturas. En dos meses arreglamos un 30 por ciento, pero tenemos mucho que hacer por delante. Nos queda por reparar otro 60 por ciento. Las maquinarias que están abandonadas nos hacen mucha falta. La misión inmediata es ponerlas en marcha para enviarlas a trabajar.

 

—¿Qué pasó con la planta de asfalto que tenía Vialidad?

 

—¡Eso es tremendo! (se ofusca). Teníamos una planta de asfalto que producía 600 toneladas por día. La tiraron, la dejaron venir abajo y la abandonaron. Hace tres años que está desarmada. Dejaron caer el convenio con el dueño del terreno donde funcionaba. El arreglo era que Vialidad le arreglara el acceso a su campo y sus caminos y él nos cedía esa tierra dónde estaba la planta. ¿Qué pasó? Nunca más le arreglaron el terreno al hombre, se enojó y los desalojó. El convenio se rompió. Entonces no les quedó más remedio que desarmar la planta que ahora está tirada en distintos puntos de la provincia. Un poco adentro del autódromo y otro poco en el campamento de La Punta. Estaba en un lugar estratégico, cómodo para trabajar, pero nunca más le cumplieron al hombre y se rompió el arreglo. Entonces no tuvieron mejor idea que desarmar la planta.  

 

Esa maquinaria tiene un valor de 750 mil dólares. Y están tirados. Ahora hicimos otro convenio de contraprestación con otro señor que nos dará un lugar cercano al que teníamos. Antes hay que arreglar la planta, ponerla en funcionamiento. Tiene una capacidad para producir 600 toneladas de asfalto por día. Es una de las mejores plantas del país, una de las más grandes de la región. Calculá todos los caminos o calles que se pueden arreglar o hacer con esa máquina. Hace tres años que está tirada.

 

—¿Por qué había ese nivel de devastación, de abandono?

 

—Una de las decisiones que tomó el ex gobernador fue cortarle el presupuesto a Vialidad. Se calentó un día (sic) y dijo: "Vialidad no tiene más presupuesto, chau. Ahora todo se hace por Compras". Y eso no se puede hacer porque esta institución presta servicio a toda la provincia, asiste al pueblo. Esta es una infraestructura que tiene 290 empleados hoy. Funcionando mal. En la época de mi viejo tenía más de 500 empleados. Moverla, hacerla trabajar implica un presupuesto serio. Los funcionarios que estaban acá, en la anterior gestión, no tuvieron presupuesto, pero siguieron y usaron las máquinas hasta que se rompían y luego las dejaban abandonadas. Lo que podían lo desarmaban y armaban de esa máquina o camión roto, una casa de repuestos. Si tenía el arranque roto, le sacaban las gomas para otro al que se le rompían las cubiertas. Y después le sacaban la caja para ponérsela a otra. Y después el motor. Era un desguace. En vez de gestionar para conseguir las reparaciones hicieron un desarme total.

 

Te cuento algo insólito (se toma la cara). Un día un Ford Cargo se paró porque tenía la bomba de agua rota. Arreglarla, cambiarla, salía 1.200 pesos. El vehículo tuvo que esperar cinco meses para que saliera el concurso de precios, el trámite desde Compras. Pasó que, mientras esperaba, le sacaron el paquete de elásticos, las ruedas, la bomba inyectora, los frenos, la caja. No pudo andar nunca más. Fue una locura. ¡Acá no se puede esperar cinco meses por un repuesto!

 

Hubo muchas trabas. Vialidad tenía un sistema de compras autónomo para temas de primera necesidad. Lo impuso Alberto Rodríguez Saá, no mi viejo. Mi papá lo cumplió. Era para compras chicas, para los repuestos, las urgencias. Y la cosa caminaba.

 

Pero un buen día, en 2012, este señor dijo: "Esto no va más, todo sale de Terrazas". Entonces un empleado que está detrás de un escritorio a veces no entiende qué es una bomba de agua y pregunta ¿para qué camión?, ¿por qué se rompió?, ¿dónde está el camión? Y todo eso a través de expedientes, de papeles. Con un código que identificaba la necesidad de la compra, del repuesto.

 

Entonces en Compras nos preguntaban todo eso vía papel, por expedientes. Y Vialidad respondía vía papeles. Entonces va el papel, viene el papel, va el papel, viene el papel, va el papel, viene el papel y cuando quisiste ver ¡pasaron cinco meses para comprar un repuesto! (se enoja).

 

Acá a la gente tenés que darle respuestas. Llaman a Vialidad los productores, las maestras, los vecinos, los intendentes pidiendo que les arregles el camino o el badén o el acceso al campo o a la escuela. O tenés que llevarles el agua potable y no podés decirles "Estamos esperando el repuesto".  Es ahora. ¡Es ya, hay que salir y arreglar los caminos ya! Ésas son cosas que los funcionarios deben valorar de Vialidad. La gente lo sabe, conoce lo que hace la institución, pero algunos funcionarios no tienen idea del servicio que prestamos.

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