El flamante beato cordobés tuvo una conexión con la provincia cuando medió para salvar al gaucho sanjuanino. El viernes fue la primera entronización de la imagen del sacerdote que insistió hasta el cansancio para convertir al bandolero.
La historia de esa amistad es mítica y reflota con la oportunidad de la primera entronización de la imagen del flamante beato. A la vez, recalca el carácter humanitario del Cura Brochero. “El beato siempre salía a buscar a los más alejados de la Iglesia y de la justicia, a los malandras.
Los llevaba a los ejercicios espirituales, porque consideraba que era el método para convertirlos”, cuenta el padre Marcelo Alcayaga, de Angaco. Sin embargo, ese encuentro fue difícil porque el lugarteniente del Chacho Peñaloza era intensamente buscado por bandolero. Costaba dar con su paradero, por motivos de seguridad personal del Robin Hood criollo.
“Brochero buscó a Santos Guayama para el lado de La Rioja, ámbito de su acción. En esos montes y pampas se entrevistó con él y lo invitó a la casa de los ejercicios. Le dijo que si él iba a Villa del Tránsito, hoy Villa Cura Brochero, iban a seguirlo a Guayama 200 hombres más para su movimiento. Y ahí quedó en la promesa de hacerlo”, narró el párroco angaquero. “Pero la justicia lo perseguía y en ese ínterin lo emboscaron, en San Juan. Lo llaman por asuntos de animales, para negocios de cuatrerismo, y en una finca local lo apresaron”, contó el padre Alcayaga.
El líder de la "rebelión lagunera" le manda entonces una carta a Brochero. “Venga padre, que me matan”, asegura Alcayaga que le escribió Guayama al sacerdote cordobés. “Entonces el Cura Brochero se contacta con políticos y personas influyentes de San Juan para evitar la ejecución. Tocó a gente influyente por un indulto para su amigo. Pero al final, lo ajustician a Guayama. Y el cura se quedó con las ganas”, relató el padre Marcelo.
Desde la entronización de este 11 de octubre, de alguna forma los espíritus de los amigos se reencuentran. En algo se parecían, pese a las notables diferencias: les gustaban las pilchas gauchas y estar cerca de los pobres, del arrabal. Uno robaba y repartía. El otro evangelizaba y alimentaba. Uno se hizo mito popular a pesar de las 9 muertes que le escribieron. El otro se hizo beato y está autorizado a venerarse públicamente. En las ermitas de las "travesías" cuyanas hay alguna imagen de Santos Guayama. En la parroquia Nuestra Señora del Carmen hay una del Beato Brochero.
Brochero, un referente
“Somos muchos los brocherianos, le tenemos un aprecio especial porque no teníamos otro santo referente. Lo más cercano es San Juan María Vianney, pero no es un modelo cercano y está lejos en el tiempo, en realidades diferentes”, comentó el padre Alcayaga. “Solo el cura Brochero vino a llenar ese vacío”.
¿Quiénes podrían ser los Brochero de San Juan? “Hay teólogos y curas de acá mismo que trabajaron mucho y que tomábamos de ejemplo como el padre Báez Laspiur; en Jáchal, el Padre Farías. El mismo obispo anterior, Ítalo Di Stéfano. Queda vivo de esa época el presbítero Francisco Enrique, de Santa Lucía”.
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