Ayer la Asociación de Recicladores Bariloche (ARB), cumplió once esforzados años de existencia. Luego de transitar dolorosos años de indiferencia e incluso, discriminación, trabajadores de la ARB, lograron ser reconocidos como tales y hoy, cumpliendo funciones de educación con alumnos de nivel primario y secundario. El deseo de las familias que conforman la Asociación, es que “el invierno próximo, estemos trabajando bajo techo con la nueva planta de clasificación”, confesó Zulema Morales, presidente de la ARB.
A once años de existencia, trabajadores que integran las ARB, hoy reconocida no sólo a nivel local o regional, sino también a nivel nacional, no olvidan los inicios, de hace más de once años, cuando eran calificados de “grupo de linyeras”, excluidos, marginados, discriminados, buscaban materiales para la venta y no dejan de reconocer que “también se buscaba comida”.
Años de lucha para ser reconocidos como trabajadores, luego, para que no se permita el ingreso de menores al Vertedero Municipal y, hace once años, la creación de la ARB.
Zulema Morales, luchadora de la primera hora, no olvida a compañeros que hoy ya no están. Mira el espacio en el que se depositan los residuos y sus ojos se empañan al recordar tiempos en los que debieron soportar las miradas despectivas de la sociedad.
Sin embargo – dice Zulema – “empezamos a organizarnos, hay gente que nos apoyó y pudimos lograr ser una Asociación, ser reconocidos como tales ante el Ejecutivo y empezar la lucha para contar con la planta de clasificación, hecho que se va logrando”, expresó.
Nuestro deseo – dijo Zulema – “es que, el próximo invierno, no tengamos que laburar al aire libre, que contemos con la planta de clasificación, el espacio de compostaje y remediación del suelo”.
El lunes, tienen previsto un encuentro con la intendente y esperan confirmar avances de la obra en el Vertedero Municipal. “Será el mejor regalo”, dijeron trabajadoras, ayer presentes en el Vertedero, donde, se pudo apreciar, la presencia de numerosas personas – no de la ARB – en busca de metales y comida e incluso, en algunos horarios – confesaron – ingresan menores de edad. Wilge Delgado.
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