Cultura Reality: El BULLYING nuestro de cada día

Cultura Reality: El BULLYING nuestro de cada día
Por Julián Fragueiro.

Siempre existió. Y debo reconocerlo, fui víctima. Comparando con estos tiempos, antes el bullying (no teníamos ni idea que se llamaba así), no era ni tan violento… ni tan filmado.

En mi secundaria de los ochenta, un compañero y yo éramos discriminados por otros treinta, por peronistas y jugadores de fútbol… Y no pasaba más allá de aislarnos con nuestros bancos en una punta del aula, casi como leprosos ideológicos y deportivos, en un mundo de radicales rugbiers.

Lo que vivimos hoy superó ampliamente aquellos hechos. Esta semana los medios, decidieron en sus redacciones que hay que visibilizar más este tema, a partir de sendos videos subidos a la web donde se reproducen casos de violencia hacia chicos del nivel secundario. Golpes, todos contra uno, trompadas y patadas de “niñas” envidiosas, contra la belleza y la bondad de la afectada.

La sociedad queda impactada. Desfilan psicólogos, docentes, padres, por todos los canales y medios. La mayoría parece sorprendida, dolida y espantada por la violencia de las imágenes.

¿Es justificada semejante sorpresa? O en realidad, nuevamente, encontramos en los jóvenes exactamente las mismas miserias que todos nosotros expresamos cada día. Beben nuestra intolerancia, nuestra discriminación, nuestras expresiones descalificadoras, nuestras críticas desmedidas a los docentes, nuestras miserias. Las beben todas, toditas. Hora por hora. Y así, con el tanque lleno de nuestra propia mierda, los depositamos con el guardapolvo almidonado a las 8… o a las 12, en el turno tarde.

Pero tal vez el lugar donde encontramos cada día el bullying como expresión concreta de ataque violento al diferente, como agresión comunitaria y cobarde al más desprotegido, sea en la televisión. Y así como hay chicos en las aulas que no actúan pero que miran y se convierten en cómplices, así nosotros fogoneamos, avalamos y justificamos con nuestra mirada y nuestro aporte al rating, las bajezas y miserias más grandes cada día en la tele. Mentiras, miserias, gritos, divorcios ante la cámara, escándalos de los grandes que avergüenzan a los chicos, vedetongas, gatos, actores venidos a menos, todos mostrando sus lados más tristes por una migaja de aire, por un segundo de tele, por un bolo, un contratito o un depto.

Todo se filma, todo se muestra. En el espectáculo, la política, el deporte. En todo. Sumando redes y tele, el gran hermano está con nosotros. Y lo peor es que a algunos les fascina. Todos juntos, todo el tiempo, en todos lados. Me quiero bajar.

¿Y qué tiene que ver todo eso con el bullying? Todo. Porque los chicos ven que los grandes no tenemos idea. Porque perdimos el rumbo. Porque no somos padres, no somos grandes, y no sabemos qué queremos. Y sin claridad de arriba, que les podes pedir a ellos…

Están desorientados, desesperados, y ante un tiempo nuevo. La virtualidad permanente, las redes sociales, son algo novedoso para ellos y para nosotros. Aunque manejen la herramienta, no quiere decir que sepan administrarla. Es más, creo que nadie en el mundo sabe como seguirá esto. Esta cultura reality en la cual toda miseria es publicable. Donde las chicas reclutan pibas más agresivas y las contratan para pegarle a “la diferente”. Donde los padres bucean exponiendo sus miserias, sus peleas, sus amores, sus engaños. Donde sumando redes + tele, millones de padres e hijos hoy viven en función del chimento, de las bajezas, de la adoración al mostrar, al tener, al poder, a la belleza, a la fama.

¿Y a vos te sorprende lo que pasa en las escuelas? Ahora, y ensayo una hipótesis, tal vez en la universalización del fenómeno este la cura. Como adultos, como padres, debemos comenzar ya. Usar la red para presentar otro mensaje. Hay otras formas de vivir, hay otros ejemplos. Y, en todo caso, seamos nosotros ese ejemplo. Si como adultos ejercitamos el bullying verbal cotidiano, en cada palabra que escupimos, los chicos seguirán haciendo lo mismo en las aulas.

Y hacer las cosas adecuadas es sancionar. Basta de no poder controlar esto porque no queremos comprometernos. Porque hacerlo es involucrarse. Hacerse cargo. Retarlos, prohibirles, es quererlos y crecer. Pero también es dejar de hacer cosas de hijos y asumirnos como padres.

Una ley fuerte y sancionatoria contra el bullying. Respeto a los docentes y directivos si toman medidas duras. Y ser padres. Pero para eso, hay que dejar de ser hijos. Hay que crecer. Y ellos nos lo están pidiendo.

Comentá la nota