Existe un mito en torno de esta alternativa de electricidad. Se afirma que para producir la misma potencia que El Chocón es preciso un parque eólico de 4.320 aerogeneradores. Escribe Carlos Ortiz.
Por supuesto que es importante diversificar las fuentes de generación y obtener lo mejor de cada una de ellas, pero no se las debe sobrevalorar. Respecto de la eólica, en rápida síntesis:
• No sirve como energía de base de ningún sistema interconectado, básicamente porque los vientos son imprevisibles (no se pueden almacenar para usarlos cuando se necesiten ni se pueden predecir con razonable margen de seguridad).
• La energía eólica está afectada por permanentes cambios de tensión, de voltaje y de producción de armónicas (concepto técnico eléctrico), por lo que si se volcara directamente a la red no garantizaría el suministro a 220 voltios y quemaría electrodomésticos, motores, etcétera. Debe funcionar estabilizada por un mallado eléctrico o una usina convencional en paralelo. Tener, por ejemplo, una usina rotando en vacío (funcionando lista para entrar a la red) es caro y nada ecológico.
• Sus rendimientos teóricos son bajos, de sólo el 30% de la energía máxima producible. Significa –en teoría– que para producir la misma energía que una hidroeléctrica ubicada sobre un río de caudal habitualmente alto (como el Paraná) o una con gran reservorio (como El Chocón) habría que triplicar la potencia instalada. Para producir –teóricamente– la misma energía que Corpus (que tendrá 2.880 MW), se deberían instalar 8.640 MW eólicos. Con los "ventiladores" grandes hoy en uso, de 2 MW cada uno, deberían instalarse 4.320 torres con sus respectivas palas. Con los márgenes mínimos de seguridad rodeando cada molino, esa enorme cantidad de ventiladores ocuparía (con sus franjas de seguridad) una enorme lonja de superficie de 3 kilómetros de ancho por 350 de largo en la que no se podría vivir ni desarrollar actividades económicas ni recreativas.
• Sus rendimientos reales son menores que los teóricos, tal como lo prueban estadísticas de producción de energía eólica de países que llevan años en el tema, como España y Gran Bretaña. En vez del 30%, oscilaron entre el 27% y el 21,14% en promedio.
• La total imprevisibilidad de los vientos llevó a severas caídas de producción, como una detectada en Gran Bretaña, en un subsistema con 3.226 MW instalados de los cuales en el peor de los casos sólo pudieron utilizarse 9 MW (el 0,27 %).
• Sus vidas útiles son reducidas, con un máximo de 25 años, al cabo de los cuales deben desarmarse las gigantescas torres, lo cual es complejo y caro.
• Los costos ambientales de producción, instalación y desmontaje final son altos (todo eso consume mucha energía y genera otros residuos, lo cual es también polución).
• En Horspath –un pueblito inglés– los habitantes organizaron piquetes y protestas contra la instalación de "ventiladores" eólicos en su entorno. Los motivos: ruidos y parpadeos molestos, afeamiento del paisaje, pérdida de valiosas tierras, muerte de aves, riesgo de accidentes, etcétera.
• En España, ante la crisis económica, varios analistas cuestionan severamente los altos montos de subvenciones de las capciosamente llamadas "energías renovables", costos que se acentúan ante los bajos rendimientos.
• Un muy interesante estudio, no refutado por cierto, demuestra la peligrosidad de las usinas eólicas, causantes de muchos accidentes, no sólo durante su fabricación, transporte e instalación (procesos de por sí complejos) sino durante su operación. Las causas más frecuentes de accidentes en operación son roturas de palas (que vuelan a distancia convertidos en proyectiles), incendios (de difícil combate si suceden en los generadores, a grandes alturas), otras fallas estructurales, caída de operarios, etcétera.
• En la Argentina los parques eólicos en proceso de instalación de hecho están muy fuertemente subvencionados, con tarifas dolarizadas, de altos precios iniciales y ventas aseguradas. Similar procedimiento se usa en todo el mundo: sólo son viables con fuertes subvenciones.
• Debe recordarse que la energía eólica es complementaria pero nunca sustitutiva de las fuentes convencionales de generación. Ante las falencias y limitaciones de la energía eólica (promocionada como "gran solución" por grupos ambientalistas ultras) y debido a las oposiciones cerradas contra las hidroeléctricas y nucleares, por parte de esos mismos grupos fundamentalistas y de los fuertes intereses creados que los fogonean y financian, al final terminan operando de hecho para facilitar las instalaciones de más usinas termoeléctricas, las mismas grandes devoradoras de petróleo y gas y, precisamente, las más contaminantes. Ironías del ecologismo cavernario, aliado de las grandes petroleras.
En castizo simple, las eólicas son usadas como excusa para impedir las hidroeléctricas y las nucleares y, finalmente, ante las limitaciones de las eólicas y la falta de tiempo para construir las hidro y nucleares, se termina favoreciendo la instalación de más usinas devoradoras de petróleo, gas y carbón. Es el fariseísmo ecolátrico, que termina promoviendo el despilfarro de recursos no renovables y las poluciones asociadas con ello.
Se calcula que el 40% de los gases de efecto invernadero proviene de las usinas termoeléctricas, que queman petróleo, gas y carbón. Y esas usinas son promovidas con la excusa previa de impulsar la energía eólica. Los hechos lo demuestran.
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