Fue un mal negocio para la intendencia. Los dichos del diputado Germán Alfaro abrieron un cráter en las relaciones con el alperovichismo. Dijo que se hacen negocios con la política. Ni siquiera el más acérrimo enemigo se había atrevido a enrostrarlo con esas palabras. No fue un lapsus, sino un grito a los cuatro vientos.
Mientras tanto, Alfaro quedó frente al pelotón de fusilamiento de los acólitos del alperovichismo, que salieron a atacarlo más rápido que inmediatamente. La interna recién comienza y se notará cada vez más. Sin embargo, el gobernador Alperovich también enfrenta un gran dilema: si le suelta el brazo a Amaya, el descontento se capitalizará en la plaza Independencia, pero si no toma medidas contra Alfaro perderá confianza entre sus fieles seguidores.
Alperovich sabe que al poder se lo ejerce y es consciente de que, hasta 2011, falta mucho por hacer. Por eso, no quiere que se adelanten las peleas internas. La cuestión es negociar un acuerdo hacia adentro o dar señales de liderazgo hacia afuera. A partir de su decisión se verá si logra hacer un negocio redondo.


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