El día en que el Cáucaso explotó bajo la capital rusa Ulf Mauder, desde Moscú

El baño de sangre en el metro de Moscú es un ataque de presuntos activistas islámicos en el corazón del poder estatal ruso.
Los terroristas hicieron estallar hoy la primera de las dos cargas explosivas en la estación de Lubianka, donde se encuentra la sede del famoso servicio secreto ruso, a cuyas órdenes están las unidades antiterroristas del Cáucaso Norte, famosas por su brutalidad. El jefe del Kremlin, Dimitri Medvedev, que en los dos años que lleva en el poder no ha conseguido imponer la paz en la región del conflicto, anunció una dura respuesta, que se materializará en un nuevo operativo militar. Los defensores de los derechos humanos temen que, al igual que ocurrió a menudo en el pasado, este tipo de atentados sirvan para "apretar un poco más las clavijas".

La situación en el corazón de Rusia era considerada como estable hasta noviembre pasado. Entonces un tren de lujo, el Newski Express, que une Moscú con San Petersburgo, fue blanco de un atentado, presuntamente perpetrado por islamistas. Murieron 26 personas. Poco después de este ataque, el que para Moscú es el número uno de los peligrosos "bandidos" (según la denominación oficial), Doku Umanov, anunció una guerra santa, la "yihad", contra el Kremlin. Dijo que se iban a perpetrar atentados en toda Rusia. El Emir del Caúcaso, tal como Umanov se ha proclamado, quiere expulsar de una vez por todas a "los ocupantes rusos sedientos de sangre" de la región montañosa donde viven diversos pueblos, varios de los cuales creen en el islam.

Los defensores de los derechos humanos critican desde hace años la sangrienta política del Kremlin en el Cáucaso Norte. Los expertos, como el activista Lev Ponomaryov, informaron de secuestros, torturas e incluso asesinatos de civiles inocentes, que fueron víctimas de la arbitrariedad estatal y la violencia militar de las denominadas unidades antiterroristas. Más de un millar de personas murieron sólo el año pasado en atentados y combates entre islamistas insurgentes, bandas criminales y las fuerzas de seguridad rusa en el Cáucaso Norte. En la actualidad, según el Ministerio del Interior, intentan controlar la situación los más de 23.000 efectivos entre policías, soldados y miembros del servicio secreto desplegados en las repúblicas federadas rusas de Chechenia, Ingushetia y Daguestán.

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