Anuario. Accidentes absurdos, ataques al gobernador, policías sublevados y el regreso del tan querido clásico de Newell's y Central. El balance de 2013 no es positivo. La violencia y el dolor se llevan gran parte.
Seguramente, 2013 quedará en la memoria como el año en que la solidaridad se erigió como el último bastión que quedaba para soportar 22 inexplicables ausencias, las que causó una explosión dantesca que borró todo un edificio de la geografía urbana. Un triste racconto que apenas cuatro días después se engrosó con la muerte de otras dos nenas que disfrutaban el Día del Niño en el parque de diversiones.
Y por graves, por desestabilizadores, por atrevidos, también figurarán en el balance otros episodios que pusieron en jaque a la ciudad: la balacera que descargó 14 proyectiles contra la casa del gobernador Antonio Bonfatti y la protesta policial que sacó los patrulleros de las calles e histeriqueó con la ya frágil seguridad urbana.
Entre las buenas, que colectivamente hablando no abundaron en este año casi para el olvido, el fútbol esta vez jugó bien en la ciudad: en mayo, y después de tres años, Rosario Central logró retornar a la primera división nacional, mientras que un mes después Newell's Old Boys se consagró campeón del torneo final 2013 y festejó el sexto título de su historia.
Como siempre, el año también tuvo otras luces y otras sombras que se recordarán.
Las que refleja hoy LaCapital son apenas unas pocas, fragmentarias pinceladas de lo que pasó en Rosario durante este difícil 2013.

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