Cuatro barrios sueñan con mudarse a la capital

Cuatro barrios sueñan con mudarse a la capital
Se debate una norma para que núcleos urbanos pasen de estar en la comuna de San Felipe y Santa Bárbara a San Miguel de Tucumán. Los vecinos aseguran que las autoridades se desentienden y los mandan de un lado a otro. Aval a la propuesta de una legisladora justicialista.
Para la mayoría, el término "jurisdicción" es sólo un concepto político. Pero para ellos, implica menesteres mucho más tangibles y cotidianos. Al menos, esa es la situación que dicen vivir las familias que habitan dos barrios (Policial IV y Miguel Lillo I) y dos asentamientos (Del Buen Vivir y Ampliación Miguel Lillo) que son prolongaciones del sur de San Miguel de Tucumán, pero que, por su ubicación geográfica, dependen de la comuna de San Felipe y de Santa Bárbara (departamento Lules).

Sin embargo, los vecinos están ilusionados con el proyecto que está siendo tratado en la Legislatura y que prevé su paso a la jurisdicción de la capital. La iniciativa para ampliar los límites territoriales, impulsada por la legisladora Beatriz Ávila (PJ), fue tratada durante la última sesión -a fines de marzo- y volvió a la comisión de Asuntos Municipales y Comunales para ser estudiada más minuciosamente.

LA GACETA recorrió la zona y dialogó con algunos vecinos. Los habitantes perciben a la comuna como una administración lejana que no da abasto para asistirlos. Contrariamente, consideran que al estar más cerca de la capital y pertenecer a ella, se verán beneficiados con obras e infraestructura que les garantizarán acceder a servicios básicos.

"A la deriva"

Entrar a los barrios es un desafío. Antes de cruzar el puente sobre el canal Sur (límite con la capital), el pavimento desaparece de la avenida Alem (altura 3.500) y la arteria se transforma durante un tramo en lo que aparenta ser el lecho de un río. La situación no es mucho mejor si se decide ingresar por la avenida Jujuy. Todas las calles son de tierra y es incesante el paso de carros tirados por caballos. Pertenecen a las familias que integran los numerosos asentamientos que rodean el área, según detallan los vecinos.

"Aquí, el que no tiene moto o auto, no puede salir. Sólo pasa la línea de colectivos 141 y con poca frecuencia. Encima, a la noche, no hay buena iluminación y no se ve nada. Es inseguro", explica Juan José Rodríguez, de 32 años, un enfermero que vive en el barrio Policial IV desde que se inauguró, en 2008. Exhibe una cicatriz en la espalda y afirma que fue su "primer recuerdo del barrio": "me asaltaron en el puente y me clavaron un ’puntazo’. Encima, a la hora de hacer la denuncia me ’pelotearon’ entre las comisarías XIII (capital) y la de San Pablo. Siempre estamos a la deriva". Juan comenta que los vecinos viven el mismo inconveniente si quieren hacer cualquier reclamo o un simple trámite. "Todos se desentienden y nos mandan de un lado para otro", reniega.

El vecino cree que el cambio de jurisdicción los beneficiará: "al menos así nos tendrán en cuenta".

"Estamos a la deriva", dispara Lita López (70 años), dueña de una despensa en ese barrio. En la pared de su negocio, un cartel invita a una reunión para tratar el traspaso a la capital y anuncia que se trata de "otra gestión de la legisladora Beatriz Avila". Lita cuenta que fue a un par de reuniones, pero que las abandonó cuando comenzaron a tener tintes demasiado políticos. "Lo único que espero es que pasemos a San Miguel para que podamos ver mejoras. Soñamos con tener una plaza, por ejemplo. Además, las calles están tan rotas que el colectivo amenaza con no entrar", se lamenta. Puntualiza que la mayoría de las viviendas no tiene gas natural ni cloacas. "Eso sí, en las boletas de servicios que pagamos figura que somos de capital y llegan puntuales", cuestiona.

Patricia Lazarte, de 48 años, también habitante de esa barriada, avala la iniciativa: "deben definir nuestra situación para que sepamos quién se hace responsable de lo que pasa aquí". "Como ciudadanos, tenemos derecho a calles en mejores condiciones, a una comisaría y a colectivos que pasen con mayor frecuencia", agrega.

Desde hace tres días que Magdalena Bracamonte (46), un ama de casa que vive en el Miguel Lillo I, saca la basura durante la mañana y debe volver a entrarla a la noche. "Generalmente, la comuna recoge los residuos dos veces por semana. Pero no ocurre siempre. Tengo que traerla a casa de nuevo porque los perros esparcen todo y después nadie lo limpia", se queja. Además, asegura que en su cuadra instalaron nuevos postes de iluminación: "están muy lindos, desde diciembre; pero no los prenden porque no vinieron a inaugurarlos".

Ramón Álvarez, de 71 años, desconfía de los políticos "que sólo vienen en época de campaña". "Desde que vivimos aquí andamos a los tumbos si tenemos un inconveniente", critica. A su lado, su esposa, Rosario Córdoba (68), asiente y remarca que si las promesas se concretaran, sería beneficioso depender de la capital. "Aquí, en elecciones somos de la capital. Cuando termina la votación, volvemos a la comuna. Antes votábamos en San Felipe y de pronto, desde los últimos comicios, lo hacemos en Villa Angelina. Todas las promesas que nos hicieron fueron incumplidas. Hay que ver qué pasará ahora", cierran.

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