Las “tomas”, las usurpaciones, y las eventuales responsabilidades políticas de estos fenómenos evidentes, son parte de la agenda coyuntural de la política en tiempos de elecciones. Después de la última sesión del Deliberante, aquí algunas reflexiones.
La capital neuquina ha impuesto como uno de los temas principales de la agenda política electoral del año el de las usurpaciones, o “tomas” de tierras. Es un tema de Perogrullo: la ciudad ha crecido desde esa metodología, ciertamente desprolija. Es un ejemplo de contra-urbanización, casi un clamor desesperado desde la miseria. Una seria advertencia al rol del Estado y su ausente presencia.
En el Deliberante capitalino, se institucionalizó esta controversia política, que en esta actualidad electoralista enfrenta al MPN con la circunstancial coalición que integran UCR, PJ, UNE y otros partidos menores. La última sesión rozó la ineficacia que suele tener la política cuando la coyuntura atenta contra las soluciones verdaderas. El MPN no logró imponer una declaración que apuntaba a la responsabilidad de funcionarios municipales. El oficialismo lo dejó solo y sin quórum.
La realidad es cruel, y amplía esa característica en la ineficacia política. Ésta, a su vez, es una consecuencia con causa intencionada: nadie –parece- pretende resolver el problema (que es muy grave y por ende difícil), sino apenas marcar la cancha para que “el otro” cargue con el costo político y sufra, eventualmente, un deterioro en sus posibilidades.
Miles de ciudadanos neuquinos viven en tomas, o en barrios que primero fueron tomas. Es poco lo que se ha urbanizado de manera planificada; es mucho lo que ha surgido de la arena y el ripio desde la urgente necesidad.
El oficialismo, que enfrenta una elección provincial desde lo bueno y lo malo que ha conseguido en la gestión municipal de Farizano, ofrece como dato positivo un concepto: “inclusión”. Indica el emprendimiento urbanístico –aun muy en ciernes- en la meseta como la salida principal, una fuga hacia el futuro del problema social de la vivienda. Y señala que la impaciencia de las tomas no es un fruto de la realidad del pueblo, sino una artimaña generada por el MPN y su poder oscuro de movilización.
El propósito del MPN, obvio, sería el de mostrar la ineficiencia del gobierno municipal en dar respuesta a los ciudadanos capitalinos más pobres. El propósito del oficialismo es acusar de esa misma ineficiencia al gobierno provincial, incluso con retroactividad, habida cuenta de sus 50 años en el poder.
Estas son las elementales razones de la esquiva política.
La cruel realidad muestra, no obstante, flaquezas y argucias en ambos bandos.
El culposo olvido de la aplicación de las leyes municipales, por ejemplo, en determinados sectores amparados por la “piadosa” inclusión, justificada por el afán de encontrar votos.
La igualmente culposa actitud del gobierno provincial de incorporar ex piqueteros a fuerza de inyectar dinero a sus causas, para mutarlos en complacientes oficialistas, e incluso lucirlos después en los discursos.
La polémica en la superficie se agotará rápidamente: tiene fecha de vencimiento el 12 de junio. La que corre profunda, subterráneamente, seguirá. Porque solo podrá extinguirla como causa, una solución paciente, planificada, decidida y consensuada, de la política en serio.
Comentá la nota