Crucero no pudo quebrar la mala racha como visitante y cayó 3 a 1

Crucero no pudo quebrar la mala racha como visitante y cayó 3 a 1

El Colectivero jugó anoche ante Quilmes, su peor partido y volvió a quedar en zona de descenso. Sufrió la cuarta derrota consecutiva en cancha ajena

Esta vez, Crucero no estuvo a la altura. Todo lo contrario, le faltó altura. Quilmes aprovechó al máximo su buen juego aéreo, consiguió la diferencia en un par de minutos y finalmente se impuso por 3-1, como local, en la continuidad de la 8° fecha del torneo de Primera División.

 

El Colectivero durmió 120 segundos, se anestesió en el fondo entre el minuto 21 y el 23 del primer tiempo y el goleador Rubén Ramírez facturó por duplicado. En su mejor momento Crucero llegó al descuento, pero rápidamente se quedó con uno menos y Uglessich, a los 25’ del complemento, definió el juego.

 

Tras el triunfo ante Temperley la semana pasada, el técnico Gabriel Schurrer había señalado que “no me importa la tenencia de la pelota, sino la precisión”.

 

Pero cuando no hay precisión y encima se multiplican los errores, pensar en tener mayor contacto con la pelota puede ser una buena variable para, al menos, frenar o enfriar el ímpetu del rival.

 

Anoche Crucero se redundó en equivocaciones, estuvo sumamente impreciso y de esa manera le facilitó prácticamente todo a su rival.

 

Paridad sólo en el inicio

Los dos demostraron que cuando se animaron prosperaron ofensivamente. El fondo local se mostró muy distanciado de la zona media, y cuando Ávalos y Álvarez flotaron por dicha zona encontraron espacios. Quilmes dependió demasiado de lo que hicieran Buonanotte y Romero, mientras que Ramírez protagonizaba constantes batallas con Tomasini y Barraza.

 

Pero el Cervecero empezó a inclinar la cancha a su favor sobre todo de pelota detenida. En este sentido el primer aviso llegó a los 20’ con un frentazo de Carli que encontró bien ubicado a Ramírez bajo los palos.

 

Pero segundos más tarde, después de un lateral, el fondo durmió, nadie tomó al mejor cabeceador de Quilmes y Tito Ramírez, más que agradecido, demostró su capacidad goleadora ante la atónita mirada de los jugadores del Colectivero. Los errores, y Crucero no deja de cometerlos, se repiten partido a partido.

 

Y cuando se repiten en cuestión de segundos, el resultado está a la vista. Un minuto después de la apertura, y tras un desborde desde la derecha, Tito Ramírez otra vez sacó rédito de la inactividad de la última línea y buscó el mejor espacio para, de pique al suelo, ampliar distancias.

 

Crucero, sin ser profundo, acercó peligro dos veces. En la primera Barraza se animó en una pelota detenida pero su frentazo salió desviado, y más tarde fue Dematei el que se encontró cara a cara con Assmann pero el ex Independiente le ganó el duelo.

 

Los ingresos de Monserrat y Cólzera, que suponían una buena combinación de velocidad y claridad mental, le cambiaron levemente la fisonomía a un equipo que naufragaba sin brújula. Al menos Crucero encontró en qué apoyarse.

 

El descuento de Nicolás Dematei, de tiro libre, a los 10’ del complemento, infló anímicamente a los visitantes. Pero la infantil e ingenua expulsión de Barraza, un par de segundos más tarde, transformó ese impulso en bronca. Así y todo, Crucero adelantó sus líneas, arriesgó todo lo que tenía y el partido se hizo de ida y vuelta. O llegaba el 1-3 o se producía el empate. No había otra.

 

Y ante una nueva pelota parada, el Cervecero cerró el pleito a los 25’. Uglessich estuvo donde faltó Barraza y en completa soledad la mandó al fondo de las redes para el 3-1 final.

 

Quilmes, no un candidato sino un rival directo en la lucha por no bajar, le ganó claramente. Desde el primero al último minuto. Así como ante Temperley había jugado su mejor partido, ayer claramente no estuvo a la altura.

 

Minutos antes de los movimientos precompetitivos, el delantero paraguayo Nicolás Martínez sintió un tirón y mostró su cara de fastidio. Ni siquiera fue al banco. ¿Desgarro a la vista? Los estudios lo determinarán.

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