Por Ricardo KirschbaumMuy pocos pueden discrepar con las palabras que Mario Vargas Llosa dijo ayer en la Feria del Libro.
F ue un episodio menor pero ilustrativo de la incontinencia verbal que dispara en la política argentina la discrepancia, cualquiera sea su calibre. Y por eso la conferencia de Vargas Llosa será recibida por los unos y los otros de acuerdo al prejuicio que se hayan formado sobre su calidad de escritor y sus posiciones políticas . Es obvio que nadie puede desprenderse de su historia y el escritor no es una excepción. En su relato habló de los momentos en los que se templaron sus convicciones, con las que se puede coincidir o discrepar . Su conferencia, sin embargo, no dejó una estela de polémica porque el contenido de su exposición fue un acto de fe en los valores de la democracia y un rechazo cerrado al infierno de las dictaduras.
Se podrá decir que un novelista, como él brillantemente describió al género, hace de las mentiras una verdad de ficción para alimentar el fuego del relato. Y que sus palabras, entonces, pueden parecer parte de una novela, invalidando así la firmeza de su conducta política. Así, no había que esperar su conferencia porque, cualquiera hubiera sido su contenido, ya estaba sentenciado . Y esa sentencia hace real las mentiras verdaderas que ahogan cualquier tipo de debate, esterilizan la discrepancia y dan trabajo efectivo a los comisarios políticos.

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