Crónica de la tarde que cambió la vida de la Provincia de Formosa

Crónica de la tarde que cambió la vida de la Provincia de Formosa
El hecho conmovió a la ciudadanía formoseña durante la siesta del 5 de octubre. El Hospital Central fue el principal centro de atención a los heridos
Cuentan los historiadores y protagonistas del hecho que en la calurosa tarde formoseña del domingo 5 de octubre de 1975, los conscriptos del Regimiento 29 volvían al retén luego de un partido de fútbol. La mayoría de los presentes esa tarde manchada con sangre heroica eran jóvenes de no más de 20 años que se hallaban realizando el Servicio Militar Obligatorio en cumplimiento de una ley de la Nación.

Algunos de ellos tenían un buen nivel de instrucción formal, como el santafesino Luis Roberto Mayol, que estudiaba Derecho; otros, como el “Negro” Luna, en cambio, estaban aprendiendo a leer y escribir en el cuartel después de abandonar su querida Las Lomitas para cumplir con el deber Constitucional de servir a la Patria.

Pero todos, en toda la geografía del país, así tuviesen padres empresarios o muy humildes, usaban el mismo uniforme que los convertía en camaradas y juraban la misma bandera que los hermanaba.

El día elegido

altAquel era el día elegido por el grupo terrorista “Montoneros” para llevar a cabo un espectacular golpe contra el Ejército Argentino, con la intención de intimidar al gobierno constitucional de Isabel Perón.

Montoneros habían apostado fuerte a esta operación, que denominaron “Primicia” porque sería el primer “gran golpe” que esta organización le daría al Ejército para ponerlos en ridículo ante la sociedad.

Para ello habían comprometido un centenar de efectivos fuertemente pertrechados, llevando ametralladoras, fusiles FAL con 5 cargadores por hombre, escopetas recortadas, granadas, minas vietnamitas y equipos de comunicación portátiles.

Vestían uniformes azules y contaban con una muda de ropa civil y documentos falsos. Para desplazarse disponían de 11 vehículos y una avioneta.

La entrada al Regimiento

altLa operación establecía un asalto simultáneo al Regimiento y al aeropuerto “El Pucú” de Formosa, cuyo control era vital para la posterior evasión de los terroristas, escape que se realizaría con un Boeing 737 de Aerolíneas Argentinas desviado de su ruta original Buenos Aires-Posadas.

La irrupción al cuartel se efectuaría mediante un ataque a la Guardia y una penetración por el área posterior de la unidad.

En cuanto a la inteligencia previa, los Montoneros tenían “ojos” dentro del cuartel.

En esa luctuosa tarde del 5 de octubre, mientras algunos conscriptos dormían y otros estaban ya duchándose, Mayol (quien estaba cumpliendo con el Servicio Militar en Formosa) le arrebató el fusil a su compañero del Puesto de Guardia Nº 2 y abrió los portones para permitir el ingreso de 5 camionetas que transportaban unos treinta Montoneros fuertemente armados.

El primer vehículo se dirigió al Puesto de Guardia Nº 1, cerca de la Guardia Central, donde el sargento Víctor Sanabria estaba intentando operar una radio, y al descubrirlo lo mataron para cortar toda comunicación con el exterior. Simultáneamente, otro pelotón de montoneros entró al dormitorio de la Guardia y mató a 5 soldados que estaban durmiendo. Otros conscriptos murieron en las duchas, alcanzados por las granadas arrojadas desde las ventanas del baño.

“Acá no se rinde nadie, mierda”

Conducidos por el conscripto entregador Luis Mayol, los subversivos sabían bien dónde se hallaban los depósitos de armas y de municiones.

Cuando se acercó un subteniente que había oído los disparos, Mayol le apuntó con su FAL, pero el arma se trabó y el oficial logró abatir al traidor.

El “Negro” Luna se hallaba de guardia en la Compañía Comando, cuando de repente 5 terroristas saltaron de una de las camionetas y lo encararon.

- ¡Rendite, negro, que con vos no es la cosa!, le increparon los Montoneros.

- ¡Acá no se rinde nadie, mierda!, contestó Hermindo Luna, mientras intentaba replegarse sobre el fondo de la Compañía, lo que les dio tiempo a sus camaradas para reaccionar.

Por esa acción de Luna, tuvo lugar un intercambio de disparos hasta que éste fue alcanzado por una ametralladora desde una de las ventanas del baño.

La tenaz resistencia presentada por los “colimbas” sorprendió a los Terroristas, que esperaban encontrarse con “provincianos adolescentes más interesados en levantar los brazos que en responder con balas”, tal como escribiera luego uno de ellos.

Huída de película

Después de cometer el hecho y lograr a medias su cometido, Montoneros abandona el regimiento para escaparse vía aérea en un avión comercial de línea y una avioneta, dejando en su recorrido desde el RIM29 decenas de heridos por los enfrentamientos en las calles, el aeropuerto y los disparos perpetrados mientras huían.

El Boeing 737 en el que huyeron los terroristas aterrizó en un campo arado fuera de la localidad santafesina y quedó varado casi 15 días.

Por esta acción, el Ejército Argentino debió lamentar la muerte de:

Subteniente Ricardo Massaferro, Sargento Víctor Sanabria, Conscripto Antonio Arrieta, Conscripto Heriberto Ávalos, Conscripto José Coronel, Conscripto Dante Salvatierra, Conscripto Ismael Sánchez, Conscripto Tomás Sánchez, Conscripto Edmundo Sosa, Conscripto Marcelino Torales, Conscripto Alberto Villalba, Conscripto Hermindo Luna.

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