Cristo de la Hermandad: Iniciaron ayer las obras de infraestructura

Se construirá una extensión en hormigón del soporte y, en torno a la figura, será construído una suerte de altar, que permitirá llegar hasta la figura y constituirse en escenario para ceremonias religiosas
Comenzaron esta semana los trabajos de infraestructura que completarán el emplazamiento del Cristo de la Hermandad de Rojas.

Como ya se ha explicado, la monumental talla elaborada por el tallista Luis Sissara como parte de su obra conceptual denominada, justamente, Cristo de la Hermandad, que jalona distintos puntos del territorio nacional y debería concluir en Malvinas, en el cementerio de los soldados argentinos muertos durante la guerra del Atlántico Sur, contará con una escalinata que, a su vez, conducirá a una suerte de ara, para facilitar visitas, oficios religiosos y actos comunitarios.

Pero, en primer lugar, se construirá una extensión en hormigón del soporte de la base. Esta es un pozo hormigonado y artesonado con material, que contiene tubos de hormigón de gran porte. Por ellos pasa el tramo final del madero vertical de la cruz.

El soporte será completado con cemento y, en torno a la figura y como parte central de toda la intervención, será construído luego una suerte de altar, que permitirá llegar hasta la figura y, eventualmente, constituirse en escenario para ceremonias religiosas.

LA INSTALACIÓN

La figura debe pesar unas veinte toneladas, con un largo aproximado de veinte metros. Fue trabajada sobre un tronco de eucalipto, sobre el cual se talló la estructura central de la figura del Cristo, y se agregaron los maderos verticales que, a su vez, soportan los brazos del crucificado.

La talla se encontraba en el mismo lugar en el que Sissara la elaboró, bajo una media sombra situada frente a la Escuela de Artes Plásticas, sobre el edificio del Nuevo Central.

Para su emplazamiento, concretado hace algunas semanas, y no sin sortear primero numerosas dificultades, se desecharon algunas alternativas inicialmente evaluadas, como la contratación de una grúa de gran porte a una empresa de Rosario. Esto hubiese sido muy oneroso. Así que se mancomunaron los esfuerzos de los Servicios Urbanos de la comuna y de la firma Fabrimac, que aportó una grúa capaz de elevar 27 toneladas.

Pero no sólo había que elevar la figura. Primero fue necesario moverla para situarla en la dirección correcta, es decir, con la cabeza apuntando hacia su emplazamiento. Para ello, se la colocó primero en un carretón de la comuna, con el auxilio de la grúa. Parte de la talla quedó sobre el carretón y la otra parte apoyada en el piso... aunque no sin que antes estallara la sujeción de una de las eslingas. Afortunadamente, no pasó nada grave. Así, se la fue girando hasta situarla de manera de colocarla a pleno sobre el carretón. Para poder ubicar nuevamente la grúa hubo que retirar, con una retro, los postes de hormigón que regulan el acceso vehicular al playón del Nuevo Central.

Una vez que la figura estuvo bien apoyada sobre el carretón, lo cual demandó horas de esfuerzos, este, tirado por una retroexcavadora, se dirigió a paso de hombre hacia el emplazamiento, mientras la grúa volvía a maniobrar para situarse por detrás del mismo, lista para elevar la escultura.

Dicho así, parece sencillo; pero el maquinista de Urbanos que remolcó el carretón tuvo que realizar una maniobra quirúrgica pasando con la retro por sobre el pozo del emplazamiento, para dejar las dos primeras ruedas del carretón en el mismo lugar.

Tras retirarse la máquina, la figura fue nuevamente eslingada y elevada para proceder a retirar el carretón. Todo marchaba bien, hasta el momento, pero se produjeron algunas dificultades.

Una vez que la figura fue sujetada con unas seis eslingas, cada una capaces de soportar unos 4 mil kilos, por la intersección de los maderos de la cruz, la grúa comenzó a elevar la figura, mientras la retro del municipio soliviaba la carga con la pala, sujetando la talla por la base.

Sorteando el preensamblado que corre a pocos metros, y un cable telefónico, la grúa elevó al máximo posible la talla: pero no fue suficiente. El peso de la figura impidió que la grúa desplegase su brazo telescópico a pleno, y por un metro, o poco más, no era posible la maniobra. Hubo que volver a bajar la complicada carga.

Rápidamente, se decidió cortar una sección de la base. Esto, más una suerte de zanja que se hizo para facilitar el desplazamiento suave de la figura, permitió cumplir el objetivo. Enhebrar la figura en su receptáculo no requirió, finalmente, mayores esfuerzos.

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