Por: Ricardo KirschbaumLa acumulación de tensiones está provocando una crispación exacerbada en la sociedad. Primer capítulo: rechazo frontal de los padres de los chicos de Cromañón a la absolución del grupo Callejeros, cuyos fanáticos festejaron la decisión de los jueces y se trenzaron con los familiares de los muertos.
Han sido episodios cuya hilación se establece por la bajísima credibilidad institucional. Los familiares de los chicos muertos en Cromañón se han sentido defraudados por el fallo judicial. Y esa frustración llevó a algunos a la desmesura.El episodio que sacudió ayer a la Villa 31 también partió del descreimiento: se argumenta que la versión que ha dado el autor de los disparos es falsa. Por eso, se desencadenó la violencia.Las fricciones frente al Congreso también expresan frustración porque los chacareros no pudieron influir directamente para torcer la mayoría en el Senado.
La institucionalidad es un capítulo pendiente en la sociedad argentina. Revela, entre otros factores, la profunda desconfianza en las decisiones judiciales, en las fuerzas de seguridad y en la representatividad política, y las reacciones exasperadas que ese sentimiento determina.
Esa crispación permanente está determinando una negativa cultura del desborde y la desmesura. La desconfianza institucional y la violencia directa son factores negativos para cualquier sociedad.
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