Los trabajadores de la salud, desde hace un año, se movilizan por fuera de los gremios del sector. Consiguieron mejoras salariales y laborales durante 2009. Este año protestan porque, pese a lo convenido, el Gobierno no los llamó a discutir aumentos y repudian lo acordado por ATSA y AME. A la par, otros estatales empezaron a rechazar lo pactado por la dirigencia
Lo más relevante es que lo hicieron por fuera de la estructura institucional del sindicalismo. Al principio, aparecían algunos diagnósticos pesimistas que pronosticaban una corta vida al movimiento que estalló en rebeldía frente a lo que consideraban una actitud apática del gremialismo tradicional. Sin embargo, consiguieron mejoras salariales y la titularización de 1.500 agentes. Ahora repudian que el Gobierno no cumpliera, pese a lo pactado en el Arzobispado en noviembre, con llamarlos a discutir la recomposición salarial para este año. A la par, califican de paupérrimo el acuerdo celebrado por ATSA y AME: según los trabajadores, aceptaron una suba salarial que, para las categorías más bajas, es de $ 83.
Pero los propios referentes de los autoconvocados admiten que no esperaban llegar hasta aquí. "A nosotros mismos no ha sorprendido la capacidad que hemos demostrado tener, sin ser gremialistas, ni políticos, sino simplemente trabajadores de la salud, que hemos sabido defender en forma férrea los intereses de los trabajadores", afirmó Sergio Amaya, pediatra y referente del Hospital de Leales. "A lo largo de este año de lucha, hemos visto cómo los dirigentes han traicionado a los trabajadores, porque cada vez que salimos a protestar, aparecieron los gremialistas para señalar con el dedo a sus compañeros a fin de presionarlos", dijo.
Pasado y futuro
Que las marchas de los autoconvocados contrasten con la ausencia de una estructura sindical de soporte no es un asunto menor. En la medida en que los grupos de trabajadores generan nuevas formas de participación, queda en evidencia una crisis de representatividad gremial. Las estructuras tradicionales son sustituidas por un estado de asambleísmo permanente.
Por cierto, esta situación no se da sólo en el ámbito de la salud, donde el movimiento de los autoconvocados recibe el amparo legal de la Federación de Profesionales de la Salud de la Argentina (Fesprosa); y, marcha tras marcha, el apoyo moral de la CTA Tucumán.
El acuerdo salarial entre los sindicatos de los estatales y el gobierno también es resistido en la administración pública: los aplausos de repudio han vuelto a los pasillos de la Casa de Gobierno, entre otras varias sedes estatales. Y dentro de los sindicatos del sector se cocinan internas al calor de los últimos acuerdos salariales refrendados con el Gobierno. El fantasma de que otros grupos de autoconvocados pueden surgir en otras áreas campea en el sindicalismo.
Precisamente, la referente del Hospital de Niños, Estela Di Cola, recordó los primeros pasos del movimiento en la salud. "Nacimos por la historia del sojuzgamiento permanente, del ninguneo de gremios burócratas que representan a la patronal antes que a los afiliados y que no responden a los intereses de las bases. Salimos con miedo al principio pero cada vez con más fuerza, después de muchos años de haber creído que ya no había nada por hacer", sentenció. La médica defendió un listado de principios que impulsan la acción de los nuevos grupos sociales: la honestidad; el rechazo a las negociaciones espurias; los contactos directos con todos los trabajadores; y la defensa de la dignidad, que no sólo pasa por los reclamos salariales sino también por el derecho a decir lo que cada uno piensa.
Amaya también rescata el respeto por las bases. "Este es un fenómeno que se multiplica, porque los gremios no están respondiendo a sus bases sino al gobernador (José Alperovich)", remarcó.
Respecto del futuro, Amaya apuesta a la organización. "Hace falta un estatus: a estos fenómenos hay que canalizarlos y estimularlos y darles organicidad, y en eso estamos trabajando", insistió.
Mientras tanto, se abre una controversia en el resto de la dirigencia. Unos elogian la lucha de los autoconvocados; otros, en cambio, la cuestionan. Todo depende del cristal sindical con que se mire.

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