La crisis pega fuerte en el turismo, el motor de la economía griega

Al pie de la imponente Acrópolis, emblema de la cultura clásica, despliega sus encantos el más viejo y encantador barrio de Atenas. Plaka, con sus callejuelas, tabernas, música, gastronomía, joyerías y toda clase de comercios para los visitantes, es un referente ineludible de la noche en la capital griega.
Bullicio hasta tarde, alegría sin desbordes etílicos porque la policía no le saca el ojo a los más entusiastas, y compras desde joyas carísimas hasta algunos objetos del más rabioso "kitsch". Hay de todo. Solo falta saber buscarlo. También se puede medir cómo va el turismo porque aquí llega gente de todo el mundo, los griegos que se encuentran para festejar, y siempre tienen algo que festejar (o mejor tenían), y los grandes contingentes que llegan al puerto del Pireo en cruceros y terminan casi inevitablemente en Plaka. Ya no más. La crisis le puso una feroz sordina a Plaka.

"El turismo ha disminuido y caerá en picada después de los últimos acontecimientos. La gente, en general, no sólo en Grecia, no tiene dinero y, además, no quiere correr riesgo para hacer vacaciones en un país asolado por conflictos. Lo estamos padeciendo ya hace bastante. Los turistas que llegaban en los cruceros vienen a cuentagotas. Y, claro, no ayuda que hace unos días turistas españoles que tenían que embarcar en un crucero se quedaron en tierra por una huelga. La compañía, que deja 10 millones de euros por año, está harta y dispuesta a otros rumbos". Dimitris es latinoamericano de familia griega. Sus parientes, que tienen mucho que ver con los negocios de Plaka, lo recibieron hace unos años y ahora dirige un negocio enorme de recuerdos turísticos. "Somos mayoristas y los pedidos han caído un 56% en relación con el año pasado, que ya iba mal. Eso antes de que se aprobara el jueves el plan de austeridad, que va a provocar una catástrofe".

Dimitris me envió a dialogar con una colega, Eftigia Pentezys, australiana de familia griega, que proclama ante Clarín: "Nunca más votaré en las elecciones griegas". El año pasado, cuenta Eftigia, las cosas ya estaban bastante mal. Huelgas todos los días, cada vez más pobreza y más rabia. Pero, ni imaginábamos lo que se nos venía".

Entra una señora a averiguar el precio de una pequeña estatua. Pregunta y se va. Es una jubilada griega con ganas de hacer un regalo, pero todo se le pone fuera del alcance. "Dicen que el hachazo que nos han dado a todos va reducir los ingresos en un 30%". Y, ¿por cuánto tiempo? "Esto va para 10 años o más. Lo más probable es que, pese a todo, la deuda no se pueda pagar. Iremos a la quiebra. Del euro nos echarán y volveremos al dracma (la moneda griega) que nunca deberíamos haber dejado. Todos los días me acuerdo de Australia".

Este cronista se olvida de todos los problemas recorriendo Plaka. El barrio de pequeñas mansiones que sube al Partenón, y trae un viejo recuerdo de la primera vez que llegó aquí, hace 40 años. Ahí aprendió a gustar el souvlaki (brochette de cordero), la musaka, el pastel de carne -un símbolo nacional-, y el ouzo, un anisado peleón que los griegos toman mientras comen. El periodista entabló y perdió su primer combate con la bebida, capaz de derribar al gaucho más "mentao".

Ahora en una calle hay dos viejos músicos, se ganan unas monedas con una guitarra y un acordeón. Una señora griega que ha ido de compras, viene caminando y de pronto se pone a cantar. Los viejos sintonizan la canción y la acompañan. La magia.

Dimitris es un tipo bastante informado y culto. "Toda tenemos la culpa. Se han cerrado los ojos porque había riqueza y trabajo. Los empleos eran del Estado. Cada político o funcionario de importancia hacía nombrar a parientes y clientes políticos. Durante el gobierno conservador se creó, lo dice todo el mundo, otra administración pública más ineficiente y corrupta que la anterior. Hay 60 empleados para un trabajo que, en realidad no existe". Los sueldos de la administración y las pensiones se comen el 60% o más del presupuesto. La salida para el gobierno conservador fue emitir deuda y ocultarlo con una contabilidad tramposa. El socialista Papandreu llegó al gobierno y en vez de un déficil presupuestario del 6% se encontró con uno de 12,7%. La burbuja reventó y Grecia cayó en una espiral que ha terminado provocando una tremenda crisis en Europa.

Las cicatrices se extienden en Plaka. La taberna más bonita, en plena plaza, cerró hace un año. Un viejo amigo, Niko, que era mozo en un restaurante excelente se compró una taberna, tuvo éxito, se metió en créditos y adquirió un restaurante desde donde se ve el Partenón. Ahora, está hundido.

El turismo le da trabajo a uno de cada cinco griegos y representa casi el 20% de la riqueza. Las proyecciones indican que 1,8 millones de turistas no vendrán este año. "Antes, en los buenos tiempos, uno de cada cinco griegos vivía por debajo de la línea de la pobreza. Nadie puede calcular hasta dónde se extenderá la miseria", comenta Dimitris que, por fin ha logrado vender una camiseta que dice en inglés: "Mis padres visitaron Atenas y lo único que me trajeron fue esta camiseta asquerosa".

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