Mientras millones de brasileños se aprestaban a festejar el primer día de Carnaval, el gobernador de Brasilia José Roberto Arruda deberá quedar detenido al menos hasta el miércoles "de ceniza".
Quienes no se divertirán ni menos aún pegarán un ojo son los líderes de los partidos de la oposición que sostienen la candidatura presidencial de José Serra, el gobernador de San Pablo.
El caso de Arruda, preso por una decisión judicial inédita en la historia de la democracia brasileña, amenaza devastar las filas opositoras. Para el precandidato Serra, el episodio sobrevino en un pésimo momento. El gobernador paulista pretendía decidir en abril su postulación a la carrera electoral que culminará en los comicios de octubre próximo. Y Arruda no jugaba un papel menor: había sido el hombre elegido por el DEM (Demócratas), socio principal de la socialdemocracia (a la que pertenece Serra) para acompañar al gobernante de San Pablo en la fórmula presidencial.
Arruda cayó de la cima al fondo del pozo en noviembre pasado, pero su prisión de antes de ayer le dio el golpe de gracia. Y por añadidura deja pegado el personaje al Partido Socialdemócrata, inclusive porque fue parte de esta agrupación hasta 2001.
Serra viene con muchas dudas sobre si vale la pena jugar su futuro político en octubre. Las encuestas no le garantizan la victoria a nivel nacional; en cambio, tendría más certeza de triunfar en su postulación para un segundo mandato como gobernador paulista.
La historia de Arruda no hace más que debilitar al DEM, el segundo partido importante de la oposición; y eso se suma a otros problemas que acosan al gobernador paulista
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