Diseñadoras, contadores, abogados, vendedores de seguros, todos llevan a los paradores sus computadoras personales. Los turistas no descuidan sus ocupaciones. La generación tecno beach rinde culto a Facebook.
“No soy un workaholic. Mi jefe no me quería dar vacaciones porque había mucho trabajo. Me dijo que si me iba tenía que contratar a otra persona. Si me quedaba en el laburo, mi esposa me dejaba. Y si me iba a la costa, me echaban. Al final quedé bien con todos: mezclo placer con obligación”, dice Ernesto, empleado de un estudio jurídico de Lomas de Zamora. Pide no ser fotografiado para preservar su puesto.
Pero no todos los turistas que navegan en la web desde la playa lo hacen por trabajo. Hay cibernautas que se conectan por diversión, moda o costumbre. Es el caso de Natalia. Mientras descansa en un jacuzzi y toma un daiquiri de frutilla enciende su notebook para chequear los mails y programar la salida nocturna con amigas. A pocos metros, recostados en camastros ubicados frente al mar, una pareja de novios se saca fotos con un blackberry. Al lado, un grupo de jóvenes bajan temas para sus mp3 y un oficinista que trabaja en Retiro chatea con su jefe para pedirle dos días más de vacaciones.
Las empresas Movistar, Personal, Claro y Nextel instalaron puestos en algunas playas. “Lo primero que nos piden los turistas para alojarse es que haya internet y conexión inalámbrica. Lo piden porque tiene problemas laborales y necesitan estar atentos. El otro día vino un chico desesperado a ver su correo porque en su empresa habían suspendido a 20 empleados. Como no había máquina disponible se puso a llorar. Las vacaciones sin celular e internet quedaron en el pasado”, dijo Patricia Garonisi, encargada de un hostel de Playa Grande.

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