La crisis global traspasa cualquier cortina de humo

Por Marcelo Cantelmi

Tras la operación que dio fin a la leyenda de Osama bin Laden, es imperioso no desestimar la tormenta que se corporiza en las masas de desocupados en EE.UU. y la UE.

Todo parece circular en dos dimensiones y entre ellas la más confusa es la que se empeña en emerger con mayor contundencia. Ese litigio entre posible realidad y sospechosa ficción viene escalando con ímpetu a partir de la operación en Pakistán que dio término con la leyenda de Osama Bin Laden y que va corriendo del cuadrante todo lo que debería importar por encima de ese episodio. Desde entonces, y aun con la mayoría de las preguntas sin respuesta, ha irrumpido una Al Qaeda reloaded , sobre la que no habríamos estado demasiado atentos.

Esta organización tendría dominio real sobre las tramas del terror en todo el mundo y, lo que es aún más grave, estaba a punto de descargar nuevamente su mano terrorista sobre objetivos civiles occidentales.

Según esta nueva versión obtenida de documentos hallados en el refugio en el que Bin Laden residió oculto durante años en una de las ciudades más vigiladas de Pakistán, el jefe de Al Qaeda dispuso la nueva campaña de muerte y terror para que se concentre en EE.UU. evitando dispersarse en países como Argelia o Yemen donde el impacto sería menor.

En esta renovada ofensiva los terroristas ultraislámicos, instruye, deberían buscar la alianza natural con las comunidades latinas y la afroamericana discriminadas.

Es estremecedora la sugerencia que apenas encubre esa revelación sobre a quiénes poner en la mira de la caza antiterrorista.

También lo es que lo que la calle árabe en la actual revolución no quiso construir ignorando y dejando como una anécdota a este hato de fanáticos, lo edifica en su lugar y con sus investigaciones la inteligencia norteamericana . Si Al Qaeda y su extravagante cacique apareció como un sello insignificante y sin entidad entre las masas árabes que se vienen alzando contra sus dictadores, eso no implicaría una lectura de debilidad, porque, como se ve, la red y su mentor estaban en condiciones incluso de captar latinos y negros al otro lado del mundo para armar el gran califato. Qué no podrían hacer, entonces, entre sus propios paisanos … La mención de Argelia y Yemen en los documentos que difundió The Washington Post no parece ingenua. En esos países sus extensas dictaduras pro occidentales están sufriendo una durísima ofensiva popular en búsqueda de construir sistemas democráticos con derechos, instituciones y libertades. Nada vinculado con el mensaje fascista del extremista islámico. Pero han sido esos regímenes autoritarios, el de Abdelaziz Bouteflika en Argel y el de Alí Abdalá Saleh en Sana, quienes junto con el dictador libio Muammar Kadafi, han denunciado con mayor fervor la existencia de Al Qaeda en el armado de las revoluciones que sacuden esas comarcas. En ello han coincidido con los sectores políticos más duros de los EE.UU. y con parte de la dirigencia militar de la OTAN que hasta aseguró en el Capitolio como un hecho seguro la presencia enmascarada de esta red en el grito republicano de los rebeldes árabes.

Lo grave de este armado no es tanto por lo que dice, sino por lo que oculta y deja entrever.

Estos documentos y filmaciones capturados al terrorista en su vivienda darían nueva energía a la idea de que el mundo está en guerra contra una organización realmente muy estructurada , aviesa y que es capaz de involucrarse mucho más allá de su fanatismo ultraislámico.

De modo que se la debe sospechar articulando ahí, en crisis sociales donde difícilmente se hubiera intuido antes la presencia de esta mano siniestra.

Pero si esa es una de las dimensiones que conviene observar, la otra es que mientras esto sucede, con el triunfalismo esperable por lo que aparece como una rotunda victoria militar, el mundo exhibe descarnadamente la realidad de una crisis que no se agota y que, por su tamaño global, debería volver en una anécdota el resto de la agenda.

El liderazgo mundial, y en particular EE.UU., saben que las manos que esas contradicciones les atan difícilmente se suelten con maniobras distractivas. No es que se reconstruya el espectro de Al Qaeda para dejar atrás la presión que genera esta transición global nacida en la crisis financiera de 2007/08, pero sí parece claro que es en ese contexto que vuelve a aparecer este enemigo que ha servido en el pasado para recortar las libertades civiles y correr la línea de la legalidad .

Esto, además, sucede cuando otra vez está en riesgo la forma en que funciona el sistema debido a la pesadilla que devora a Europa y cuando EE.UU. está encaminado a un recorte masivo de sus gastos sociales.

En el último año cinco millones más de norteamericanos se sumaron a la legión hoy de 44,2 millones que viven de la ayuda gubernamental.

Son los marginados de una sociedad que no puede incluirlos y que en gran medida es una masa de latinos y de negros.

El problema europeo es aún más grave.

Este mes se cumple un año del salvataje de 110 mil millones de euros entregados a Grecia a cambio de una reforma que ha tenido un arrasador costo social. La medicina fue tan ruda que la economía del país, que ya cayó 4,5% desde el estallido, se contraerá otro 3% debido a que los salarios fueron reducidos 15% y 20%, las pensiones. La desocupación hoy merodea 15% y entre los jóvenes, 30%. Como con esa realidad no es posible cumplir con las recetas, circula la tremenda idea de que Grecia dejará la zona euro para volver al dracma y así devaluar en busca de una difícil competitividad.

Si la calamitosa Grecia se aparta de la eurozona, abrirá un camino explosivo que seguirán Portugal, Irlanda y algunos de los grandes como España.

Los efectos del derrumbe concreto del euro serán múltiples, Grecia solamente retrocedería cerca de 30 años en todo sentido comenzando por su economía y los grandes bancos entrarían en rojo por el caudal de bonos que se descubrirán impagables. El costo del ajuste se concentrará en la base de la pirámide, entre la gente que convertirá a Europa en un gran campo de huelgas, protestas y demandas. Por donde se la mire la saga de Al Qaeda al lado de esta realidad suena como una mala película. ¿Será eso?

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