Crisis en educación: docentes advierten por la violencia y el nivel académico

Crisis en educación: docentes advierten por la violencia y el nivel académico
Menos exigencia, cuestionamientos a la hora de reprobar alumnos, agresiones y desprotección son algunos de las situaciones que deben enfrentar los maestros. El debate por la inclusión: ¿alumnos que permanecen en el sistema a cualquier precio? Críticas a la formación en los magisterios.

El homicidio de Naira Cofreces (17), ocurrido el 23 de abril luego de haber recibido una fuerte golpiza enfrente del colegio donde asistía, dejó al descubierto –entre otros puntos– la crisis que atraviesa la educación en Junín (aunque no es patrimonio exclusivo de nuestra ciudad).

Es que el disparó interrogantes sobre el trabajo en las instituciones educativas, la capacidad de dar contención a los alumnos, las posibilidades de ofrecer respuestas ante una población cada vez más conflictiva y las herramientas que permitan espacios de inclusión y de aprendizaje.

Una muestra de este panorama la dan los propios docentes, quienes relataron a este diario cuáles son por las dificultades que deben enfrentar a la hora de dar clases. Entre ellas, se destacan la baja en las exigencias de los contenidos, los cuestionamientos a la hora de reprobar alumnos, la violencia y la desprotección que sienten.

Los datos recogidos por Democracia fueron obtenidos “off the record”, ya que los trabajadores de la educación que aceptaron hablar de estos temas pidieron no ser identificados.

“Los docentes no se animan a denunciar las cosas que suceden porque después son ellos los que sufren las represalias”, señala Natalia Alderisi, titular de Udocba Junín, y recuerda el caso de una maestra publicó en su perfil personal de Facebook algunos problemas con la comida que llegaba al establecimiento donde ella trabajaba, y fue reprendida por las autoridades de la institución.

Crisis

Así como la violencia está presente en la sociedad, la escuela no escapa a esta realidad. Ante esta situación, los docentes consideran que les es muy difícil intervenir. “No tenemos manera de dar una respuesta ante esta situación”, comenta una maestra de una escuela periférica.

En tal sentido, Alderisi agrega: “Cuando hay problemas de violencia, nosotros tenemos una guía de orientación para situaciones conflictivas del año 2011, en donde dice en los casos extremos en los que hay alumnos armados o que utilizan algún elemento para agredir a otro, primero hay que dialogar, hay que tratar de convencerlo de que deponga su actitud, después convocar a los padres y, en última instancia, llamar a la policía. Esto nos parece una barbaridad porque no estamos preparados para esa situación”.

En ese marco, una docente de secundario asevera: “Frente a hechos de violencia, una se encuentra muy desprotegida”.

Sin llegar a situaciones extremas, los trabajadores de la educación sostienen que no tienen los recursos ni la formación como para desenvolverse ante otras eventualidades cada vez más cotidianas: “No nos capacitan para actuar con chicos con problemas de adicciones, que van a la escuela con períodos de abstinencia, o habiendo consumido sustancias. Uno como docente no tiene las herramientas necesarias para saber qué hacer frente a esos casos”.

Asimismo, se advierte un marcado desinterés por parte de los estudiantes, que se resume en el relato de una profesora de secundaria: “No les importa si aprenden o no, si aprueban o no, si repiten o si los echan, porque saben que no pueden expulsarlos”.

En tal sentido, la discusión pasa por la inclusión.

Debate por la inclusión

En los últimos años, las políticas educativas apuntaron, en gran medida, a la inclusión de los alumnos dentro del sistema escolar y el sostenimiento dentro del mismo.

Raúl Angelucci, ex inspector jefe distrital y actual inspector en el área de Educación Física, explica que “a partir de la observación de la realidad, en donde se ve que hay muchos chicos fuera del sistema educativo, lo que se hace es salir a captar esta franja de jóvenes. Se ofrecen otros recorridos, otros formatos, para que estos chicos puedan sostenerse y permanecer dentro del sistema y, en definitiva, el objetivo final no solo es incluirlos sino que egresen con aprendizaje”.

Sin embargo, la queja de los docentes es que esto ha permitido la baja en el nivel educativo, puesto que “hay menos exigencias en los contenidos de las materias”, se promueve “que todo el mundo sea aprobado”, y esto es así “porque lo único que importa es que el chico esté en el colegio, no importa si sabe o no”.

Inclusive, hay quienes se animan a señalar que “si uno desaprueba a muchos alumnos, el director de la escuela supone que la culpa es del docente”.

Alderisi sostiene que “se perdieron los hábitos de los chicos, hay escuelas muy difíciles, no pueden estar ni siquiera sentados media hora, los insultos son cosa de todos los días, hay enfrentamientos, amenazas. Nosotros decimos que esos chicos, antes de ir a la escuela, tienen que pasar por otra institución para recuperar hábitos, convivencia y después sí ir a la escuela. Lo de la inclusión también es una discusión que hay que dar, queremos incluirlos, pero ¿de qué manera?”

La dirigente gremial remarca que se dan “cada vez más posibilidades para que no repitan”, y ejemplifica: “En primaria se unificó el primer y segundo grado, porque el hecho de repetir puede traumar al chico; y en la secundaria ahora se puede pasar con tres previas, cuando antes eran dos. Entonces estamos viendo fenómenos como que en tercer grado un chico no sabe leer, o que en el secundario es incapaz de interpretar una consigna o comprender una situación problemática. Entonces uno plantea bajar la nota y para eso hay que hacer un informe. Y lo que sucede casi siempre es el cuestionamiento del directivo o el inspector que sostiene que falló la estrategia docente”.

Por su parte, Andrés Barricarte, director de la Escuela de Educación Técnica N° 2 “Patricias Argentinas”, pone en duda que haya menores exigencias: “Si uno lee la Ley de Educación es todo lo contrario, si uno lee el diseño curricular de la Escuela Técnica –que es lo que conozco– también es todo lo contrario, lo mismo sucede con las materias, los contenidos y las expectativas de logro. Lo que sí se ve es una gran cantidad de oportunidades que hay que darles a los chicos, por una decisión jurisdiccional hay más opciones para rendir lo que dieron mal, algo que está bien desde el punto de vista de la inclusión, pero cuando un alumno rinde cuatro, cinco o seis veces, termina aprobando con lo mínimo, y no pasa con una excelencia educativa sino con los contenidos elementales de una materia. Entonces, eso iría un poco en desmedro de la excelencia educativa”.

Con todo, Barricarte cree que el resultado “depende muchísimo del docente, más allá de la voluntad o no del alumno de querer aprender, eso se ve en cómo un mismo curso reacciona distinto con diferentes docentes”.

De cara al futuro

Al momento de profundizar en el análisis, Angelucci afirma que “se trata de crear otros formatos para poder dar respuesta a lo que el sistema tradicional no pudo dar, y estos formatos se crean para que los chicos puedan ingresar, sostenerlos y egresar con aprendizajes. El que lo entiende como facilitar, me parece que se equivoca y debería revisar su práctica. Creo que son buenas medidas de política educativa, si cumplen con los objetivos propuestos”.

En tanto, Barricarte no cree estar en presencia de “una crisis irreversible”, y subraya: “Sí hay que levantar el nivel para mejorar el paso a la educación superior o el mundo del trabajo. En el paso a una instancia superior, como la universidad, se produce un bache tremendo, porque la forma que tiene que demostrar sus conocimientos es totalmente distinta a la educación secundaria”.

Finalmente, Alderisi reclama por las cuestiones que aún faltan resolver de manera imperiosa: “Nosotros pedimos que se haga un Congreso Pedagógico, ya que el último fue hecho en los 80 y a partir de ahí nunca hubo un plan integral, sino que sólo hubieron parches. Hay que mejorar la infraestructura, los sueldos y otros aspectos fundamentales: En Junín faltan nombrar 200 cargos, y eso hace que haya gente sobrecargada de trabajo y ahí arranca el tema de las licencias, si están agotados o no, si faltan mucho, y demás”.

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