Por cada turno recorre nuestra ciudad un centenar de efectivos, mientras que aquellos que tienen licencia son unos 150, según aseguró el subsecretario de Gobierno, Andrés Castillo. Buscan profundizar los controles.
Y en el medio de todo ese cóctel se encuentra el instrumento de combate: el policía, que a diario debe salir a tomar parte de una batalla que parece perdida antes del comienzo, en parte por una falta de planificación estatal coherente y a largo plazo y en otra por la impericia o las incapacidades propias.
El marco conflictivo y arriesgado de la función de seguridad, sobre todo para quienes están en la calle, expuestos a esta chocante realidad, incide directamente en el ánimo de los uniformados, con el agravante que conlleva la portación de un arma de fuego y las decisiones que se deben adoptar, muchas veces de manera rápida e inequívoca, en medio de la acción.
La responsabilidad y el riesgo generan inevitables flaquezas en el hombre policía, más allá de que en su ingreso en la fuerza debe presentar una perfecta condición psicológica y un control mental sobre situaciones límite.
Los especialistas de la medicina coinciden en que se produce estrés "cuando las cargas y las demandas psicológicas, sociales y laborales superan la capacidad de respuesta de la persona". Aparecen manifestaciones físicas como ansiedad, insomnio, trastornos digestivos, taquicardia, cambios en el carácter, una mayor presión arterial y miedos.
Esto sucede hoy con los uniformados. Hoy más que nunca.
Aunque desde la oficina local de Sanidad, dependiente del ministerio de Seguridad, se informó que los porcentajes prácticamente no se modificaron a lo largo de los últimos años, desde la subsecretaría de Gobierno y Protección Ciudadana municipal se marcó un dato estadístico no menor: existirían unas 150 licencias médicas entre los 600 uniformados con que cuenta Bahía.
“Tenemos 600 efectivos divididos en tres turnos, de los cuales 450 están en actividad y el resto, con carpeta médica”, ratificó el abogado Andrés Castillo.
Quiere decir que 1 de cada 4 hombres de la fuerza, en mayor o menor medida, presenta alguna limitación de salud para ejercer su función, aunque sea de manera temporaria.
Y el dato es más preocupante si se tienen en cuenta solo aquellos efectivos que están directamente destinados a la operatividad urbana -y no a tareas administrativas o de escritorio-, que son unos cien por turno.
“Se van a rever las carpetas médicas para optimizar el recurso. La idea es empezar a tener un control exhaustivo y real de cada una de las carpetas”, confirmó Castillo a "La Nueva.".
Comentá la nota