Las situaciones se presentan en contextos de alta vulnerabilidad social, mientras los padres tienen extensas jornadas laborales fuera del hogar. Por lo general son niños de 5 o 6 años que deben cuidar a sus hermanos menores.
"Por lo general, son niños de 5 o 6 años que deben cuidar a sus hermanos menores, a bebés, y, además, tener la responsabilidad por quehaceres hogareños que no se limitan a tender una cama o pasar una escoba, que eso es una colaboración, sino que son esenciales para el desenvolvimiento de una casa. A esto se le suma que cuando se equivocan, porque son niños, sufren castigos o maltratos que, lamentablemente, tienen que ver con construcciones culturales muy arraigadas", precisó la funcionaria.
Cuando se le consultó a Balada si en las inspecciones notan si los beneficios, como la Asignación Universal por Hijo (AUH) –que para ser percibida exige la escolaridad y los controles sanitarios de los menores–, llegan a este sector social, la funcionaria precisó que en la mayoría de los casos, como pueden ser en las zonas rurales, en los hornos de ladrillos o en los basurales, hay un alto porcentaje de cumplimiento de los requisitos para cobrar la AUH. Pero, Balada agregó que luego de las horas en la escuela, y debido a que los padres de estos menores trabajan extensas jornadas diarias, los niños se quedan en sus casas pero con la obligación de hacer de adultos.
Esto se nota luego en el rendimiento escolar, ya que son chicos que sufren una fatiga física y mental, lo que profundiza los déficit educativos y sociales. Balada comentó que este tipo de abordaje excede, en la mayoría de los casos, las facultades de la Subsecretaría de Trabajo, por lo que se actúa con los referentes territoriales y sociales de las zonas, para que los padres de estos niños comiencen a modificar conductas que se arrastran de generación en generación.
Este problema, a lo que Balada denomina nuevas modalidades de trabajo infantil y que es tan estructural como son las condiciones de pobreza con las que conviven las familias de escasos recursos, se viene verificando en las inspecciones que realiza la Policía Laboral. Relacionado con esta situación aparece el dato de que en el 2012 hubo un descenso muy marcado en la cifra de las multas aplicadas por infracciones laborales por tener a menores trabajando, pues el número de sanciones bajó diez veces.
El año pasado fueron 12 las multas efectuadas, mientras en el 2011 llegaron a 124, lo que para Balada es una demostración de que las situaciones de ilegalidad laboral se van reduciendo porque los empresarios tienen mayor conciencia de que no es buen negocio utilizar a menores para que trabajen. Ahora, uno de los desafíos es cambiar esa matriz puertas adentro de las casas para que los menores sólo se puedan dedicar a estudiar y a jugar.
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