Así de categórico fue el presidente de la Sociedad Rural de Junín, Rafael Torello, al advertir sobre lo que puede ocurrir si el agua no llega en los próximos días. “Si el clima no cambia ya, el sector lo va a sentir muy fuerte”, vaticinó.
En el sector ya prenden velas a todos los santos para que las lluvias lleguen cuanto antes y en una cantidad no inferior a los cincuenta milímetros, dado el delicado estado que ya empiezan a exhibir las plantaciones de soja de segunda y, más aún, las de soja de primera y de maíz.
Rafael Torello, presidente de la Sociedad Rural de nuestra ciudad, no anduvo con vueltas al ser consultado sobre el tema: “La parte climática nos está castigando mal”, dijo.
Los chacareros aún conservan fresco el recuerdo de lo ocurrido en los años 2009 y 2012, cuando la seca hizo estragos y trajo consigo complicaciones financieras. Con el atenuante de que el año pasado también surgió el mismo problema en Estados Unidos y eso hizo que los precios se volaran hasta llegar a niveles inimaginables, factor que los salvó de consecuencias más graves.
“Estamos en una etapa clave. Si en los próximos quince días no llueve, la cosecha va ser un fracaso muy importante”, advirtió Torello.
El dirigente comparó este presente con lo que ocurría hace doce meses: “El año pasado el más afectado fue el maíz, pero como la superficie sembrada con ese cereal es seis veces menor a la de soja, el impacto económico fue menor. Si este año le toca sufrir ese mismo impacto a la soja, el sector lo va a sentir muy fuerte. Ni hablar de la gente que no ha podido sembrar por las inundaciones y recién lo va a poder hacer en noviembre de este año para ver un peso en mayo de 2014”, analizó.
Una tendencia complicada
Un antecedente que juega fuerte en la cabeza de los agropecuarios es el de diciembre de 2011. En aquel momento, los cultivos presentaban un muy buen desarrollo vegetativo dado por las copiosas lluvias de octubre y noviembre, hasta que durante todo diciembre prácticamente no llovió y recién se comenzó a recargar el suelo a mediados de enero.
Juan José Cavo, ex jefe del Inta Junín, afirmó que el estado de los sembradíos “se está complicando” justamente porque es un año muy irregular desde el punto de vista climático.
“En septiembre y octubre del año pasado tuvimos excesos de lluvias, lo cual hizo que el maíz y la soja se sembraran fuera de tiempo. A partir de enero esa situación se revirtió y entramos en una sequía importante. Si bien había mucha acumulación de agua, en los dos primeros meses del año hay una gran evapotranspiración y lo que se acumuló en el perfil de los suelos prácticamente se está agotando, salvo en aquellos lotes en que los cultivos tienen acceso a la napa freática. Pero en el transcurso de estos días, si sigue sin llover también, se va a complicar”, anticipó.
Cavo alertó que si no llueve en los próximos diez días, “el panorama se va a volver muy desalentador”. “En el Inta Castelar –prosiguió- nos dicen que en la segunda quincena de febrero puede haber precipitaciones, el tema es que el término `segunda quincena´ es bastante amplio. Si comienza al principio, estaríamos recuperando una buena parte de la soja de primera y algo de la soja de segunda, que no obstante ya perdió mucho porque hay plantas secas, su sistema radicular es muy poco desarrollado y eso hace que el perfil que explora las raíces ya esté casi agotado de humedad. El horizonte es bastante complejo y se puede revertir en los próximos días. Se habla de que el martes puede llover, pero no sabemos cuánto”.
Más allá de algunas lluvias ocurridas en la semana, la situación de la soja sigue siendo comprometida. En Rufino, por ejemplo, el ciclo de precipitaciones abundantes se interrumpió a mediados de diciembre y luego hubo registros muy pobres, que obligaron a los cultivos a usar agua profunda del perfil.
“Las lluvias fueron de 200 milímetros en noviembre; sólo 45 milímetros en diciembre -cuando se secaron todos los charcos- y de 20-40 milímetros en enero, lo que puso a los cultivos en situación de estrés”, recuerda un técnico que trabaja en la zona. “Pasamos de no poder sembrar por anegamiento o de resembrar potreros que fueron inundados por lluvias de noviembre, a una situación de sequía, abruptamente”, agrega.
La situación de los cultivos zonales de soja es la siguiente: los sembrados temprano, en octubre, de ciclo corto, están en estado R4-R5, perdiendo potencial de rendimiento cada día que pasa sin lluvias importantes. “Al recorrer los lotes al mediodía, ya se ven plantas de soja con las hojas al revés y perdiendo vainas, señal de estrés hídrico”, apunta el asesor.
“Los cultivos con siembra de noviembre están entrando al estado R4; todavía no perdieron potencial, pero necesitan imperiosamente lluvias importantes en los próximos días para mantener expectativas de rindes normales”, agrega.
Los maíces también tienen encima la espada de Damocles de la falta de agua. “Hasta ahora, los únicos cultivos con seguridad de cosecha son los más tempranos, que florecieron y están llenando grano”, afirma un productor.
“Podría verse afectado el peso de 1000 granos, pero aún así es posible aspirar a un rinde normal, cercano al promedio histórico”, reconoce.
Los técnicos aconsejan cosechar todas las hectáreas posibles de los suelos bajos en cuanto se pueda, aun pagando secada, en prevención de falta de piso en un otoño que los meteorólogos avizoran llovedor.
Los maíces tardíos están muy dependientes de las precipitaciones de febrero. Sufrieron ataques de cogollero, lo mismo que el sorgo, que también resultó afectado por ataques de pulgón.
Los girasoles tempranos ya florecieron utilizando agua de la napa y su evolución es satisfactoria por el clima seco, que aleja los riesgos de ataques de enfermedades.
“Los maíces que se cosecharán dentro de pocos días se convertirán rápidamente en plata”, adelanta un acopiador del noroeste de Buenos Aires. "Hay que pagar los gastos de dos cosechas (la fallida 2011/2012 y la 2012/2013) y todos los proveedores quieren cobrar", añade.
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