Crece la preocupación por el aumento de fiestas clandestinas en la ciudad

Crece la preocupación por el aumento de fiestas clandestinas en la ciudad
“Se vive una escala de violencia elevada. En un principio no era así, los procedimientos se realizaban sin inconvenientes, ahora se tornan violentos”, aseguraron los policías.

El último fin de semana, la Dirección de Calidad de Vida y la División de Prevención Contra el Alcoholismo de la Policía de la Provincia clausuraron una veintena de fiestas clandestinas que se realizaban en distintos barrios de la ciudad capital. Este hecho generó una gran preocupación entre el personal que lleva a cabo los controles, no sólo por el incremento de casos, sino también por la reacción violenta de los jóvenes que fueron desalojados de las reuniones.

A diferencia de años anteriores, en la actualidad, tanto policías como personal de las reparticiones afectadas al operativo y los móviles que se utilizan para dicha actividad, son agredidos por los adolescentes que se encuentran bajo los efectos del alcohol.

“Se vive una escala de violencia elevada. En un principio no era así, los procedimientos se realizaban sin inconvenientes, ahora se tornaron agresivos. Muchas veces temimos por el bienestar de nuestro personal porque los jóvenes están muy violentos. Hace un tiempo atrás, un policía tuvo que ser derivado a un centro de salud por un profundo corte en la cabeza. Hay empujones, golpes de puño, pedreas, patadas’, explicaron desde la División de Prevención Contra el Alcoholismo de la Policía de la Provincia.

Asimismo aseguraron que las reacciones violentas de los adolescentes se deben al excesivo consumo de bebidas alcohólicas.

‘El alcohol los hace actuar de esa manera. Se ponen violentos y no sólo maltratan al personal afectado al operativo sino que además se agreden entre ellos. Es lamentable el grado de violencia que hay en los jóvenes’, comentaron, al tiempo que explicaron que estas situaciones generaron, en muchas oportunidades, la necesidad de pedir colaboración policial extra.

‘En un principio nuestro trabajo de prevención lo realizábamos en conjunto con la gente de Calidad de Vida de la Municipalidad de la Capital y siempre lográbamos desalojar el lugar en el que se realizaba la fiesta sin ningún inconveniente. Pero ahora sabemos que la situación es más grave, que corremos el riesgo de ser agredidos, por lo que trabajamos con el personal del Comando Radioeléctrico, quienes son advertidos de la situación y nos brindan su apoyo. Además, cuando la violencia se torna incontrolable, pedimos refuerzo a las comisarías más cercanas. Esto antes no pasaba”, comentaron los policías.

Aseguraron además, que entre las medidas que se debieron ajustar para realizar los desalojos de las fiestas clandestinas, se encuentra el refuerzo del personal.

“Tuvimos que agregar un grupo más de personal porque son muchas las fiestas clandestinas en la ciudad, las hay en todos los barrios, ya no son solamente en los sectores alejados del casco céntrico. Ahora se encuentran fiestas sin autorización en todos lados”, contaron.

Los jóvenes y los padres

Por su parte, Marcelo Arambuena, referente de Proyecto Padres, brindó su punto de vista sobre el comportamiento de los “jóvenes de ahora”, y el grado de responsabilidad que tienen los padres en la conducta violenta de los hijos.

“Un joven que violenta es porque ha sido violentado, es decir, carenciado de sus principales necesidades para su normal y sano desarrollo, principalmente en la falta de afecto y contención. Cuando hablamos de contención también nos referimos al contexto, al espacio físico y social que los adultos le ofrecemos y le presentamos a nuestros jóvenes. Por ésta y otras razones es de esperarse, y no nos debe sorprender el grado de violencia que hoy vivimos en las fiestas privadas y boliches donde como adultos irresponsables le permitimos a nuestros jóvenes adolescentes un ambiente no adecuado para su corta edad, permitiéndoles la ingesta abusiva y descontrolada del alcohol y sus mezclas, y horarios de desvelos prolongados que no son para nada saludables en su formación”, explicó.

Sobre el rol de los adultos en situaciones extremas como éstas, Arambuena fue preciso.

“Debemos ser los adultos los responsables de estas consecuencias y hacernos cargos desde el puesto que nos toca para no lamentar cuando sea demasiado tarde”.l

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